Novelas por entregas. Una entrega al día... ¡o eso intentaré!

lunes, 17 de abril de 2017

GdP2: IX


Mientras el resto del grupo hablaban sobre qué había podido interferir con la teletransportación de Chencho, yo me senté en unas rocas al lado de Vicky. Parecía la más cuerda del grupo (salvando su obsesión con los "gatitos") aunque en un grupo compuesto de lunáticos y sociópatas, eso no es algo especialmente destacable.

La miré fijamente. Parecía absorta en sus pensamientos y tenía en sus manos un shuriken con el que jugueteaba inconscientemente. Yo no sabía muy bien qué decir, la verdad. Hablé por hablar, para romper el (para mí) incómodo silencio:
-Es impresionante la fuerza de los poderes del Caos. No sé cómo habéis luchado tantas veces contra una fuerza que es omnipotente.

Vicky pareció despertar de su ensueño y me miró fijamente.

-Realmente, no son omnipotentes -respondió-. Tan sólo son capaces de alterar drásticamente las probabilidades.
-¿Perdón? -yo no entendía qué querían decir.
-Aunque digan que la probabilidad del suceso imposible es igual a cero, no hay un suceso "imposible" per se. Tan sólo hay probabilidades tan ínfimas que parecen cero... pero existen.
-Sigo sin entender.
-Ya. Imagina una piscina llena de pelotas de tenis, todas de color amarillo. Son cientos de pelotas amarillas... pero hay una roja. La probabilidad de sacar al azar la pelota roja, es muy pequeña, ¿verdad?
-Ummm... sí...
-Ahora imagina que la piscina tiene el tamaño del universo. Y que está llena de pelotas amarillas, cientos de trillones de pelotas amarillas. Y una sola pelota roja. La probabilidad de que alguien por azar saque la pelota roja, es...
-Imposible -terminé yo.
-Casi -me corrigió Vicky-. Puede que la probabilidad sea un "cero-coma-cientos y cientos de ceros... uno". Pero la probabilidad existe.
-Su... supongo...
-Imagina un evento casi imposible. Algo como una vaca nazi que caiga del cielo en el año 1980 y mate a un embajador inglés en China.
-Eso es imposible -asentí.
-Casi -respondió Vicky-. Casi. Imagina que en la segunda guerra mundial, un científico loco nazi hizo un experimento con vacas y trasplantó partes de cerebro humano a los animales, de modo que uno de ellos adquirió ideología nazi. Ese animal fue enviado por transporte aéreo a Berlín, pero por una anomalía cósmica, el espacio-tiempo se plegó y el multiverso se vio afectado. Quizás pasó de un universo a otro, como el hombre de Taured. Y la vaca apareció en el cielo de China en 1980, pero sin avión. Y cayó, con la mala fortuna de que aplastó a un diplomático inglés que pasaba por allí. ¿Cuál es la probabilidad de que ocurra algo así?
-¿Ce... cero?
-¡No! Recuerda la piscina del tamaño del universo llena de pelotas amarillas salvo una roja. Es algo parecido. Una probabilidad ridícula, inapreciable... pero que, tras multitud de ceros, existe.

Yo me estaba asustando. Yo creía que ésta era la cuerda del grupo. Vicky siguió hablando.

-Así que imagina sucesos aleatorios que tú llamarías "imposibles", carentes de toda lógica. Cuya probabilidad es un "cero-coma-trillones de ceros-uno". Las fuerzas del Caos no son omnipotentes. Tan sólo alteran las probabilidades. Son capaces de colorear de color rojo más y más pelotas amarillas en esa piscina del tamaño del universo. Hasta que un suceso aleatorio se vuelve más y más y más probable...

Mi cabeza estaba a punto de estallar. Afortunadamente para mí, Vicky se levantó y se acercó a ver qué estaba deliberando el grupo. Por su parte, Fer se acercó a mí.

-Haces bien en escuchar a Vicky -me dijo el hombre dragón-. De los presentes, es la que más comprende la naturaleza caótica de este mundo.
-¿Cómo... cómo es posible que lo entienda?
-Oh, bueno... es que Vicky no es sólo una ninja. También es actuaria.
-Joder...

Continuará


sábado, 25 de febrero de 2017

GdP2: VIII (a.k.a. N.P.I.)


-¿Dónde estamos? -pregunté.
-Ni puta idea -respondió Chencho.

Flotábamos en lo que parecía un infinito limbo gris. Nada más que aire grisáceo nos rodeaba, miráramos en la dirección que miráramos.

Aún peor, sólo nos encontrábamos Chencho, Rigoberta y yo.

-¿Dónde se encuentran los demás? -pregunté de nuevo.
-Ni puta idea -volvió a responder Chencho.
-¿Qué ha pasado?
-Ni puta idea -contestó Chencho, mascullando esta vez entre dientes.
-Pero, ¿tienes idea de algo? -exploté.
-¡No! -gritó el interdimensionador- ¡No tengo puta idea de qué ha ocurrido! ¡Ni puta idea! ¡Ni puta absoluta idea! ¿Te has quedado ya satisfecho con la respuesta?
-No hay necesidad de ser tan grosero -dije mientras miraba dolido a Chencho.

Chencho me miró a su vez con expresión inexcrutable.

-Herji, en lo que parece casi otra vida, todos decían que yo era muy bueno. Una bellísima persona. Un buenazo. Pero me cansé de eso. Da igual el mundo que sea, las buenas personas nunca conseguimos lo que queremos. Nunca destacamos. Somos invisibles. No nos toman en serio. Tampoco cuentan con nosotros a no ser que quieran pedirnos algo. Y, por supuesto, jamás nos quedamos con la chica. Eso se terminó. Chencho se terminó. Ya no soy el buenazo Chencho. ¡Ahora y por siempre soy el badass Míster Transsssporterr!

-A mí me gustan los chicos buenos -dijo Rigoberta mirando a Chencho con ojos tiernos.

Tanto la expresión como la voz de "Míster Transssporterr" dieron un giro radical de ciento ochenta grados al responder a Rigoberta:
-Pero en el fondo sigo siendo un cachorrito...

-Esto... ya, todo eso puede esperar -interrumpí-. Pero, de veras, necesitamos saber qué ha pasado y dónde estamos. ¿Qué es este limbo gris? Lo último que recuerdo es que ibas a teletransportarnos a todos a mi aldea de Nueva Ávila.

Chencho quedó un rato pensativo antes de responder:
-Creo que estamos en un vacío interdimensional, el cual atravieso durante una fracción de nanosegundo al efectuar una teletransportación. Da la impresión que "algo" interrumpió la teletransportación, dejándola incompleta. Es la primera vez que me ocurre algo parecido.
-¿Por qué ha ocurrido?
-Ni puta idea. Quizás hayan protegido tu aldea contra asaltos teletransportadores. O puede que algo haya interferido con mis poderes.
-¿Y los demás?
-Ni puta idea. Si algo ha interferido con mis poderes, podrían estar en cualquier lugar y momento del espacio-tiempo.
-Pero, ¿podríamos salir de aquí? ¿Y rastrearles?
-¡Estás hablando con el magnífico Míster Transsssporterr! ¡Nada hay imposible para mí! ¡Soy único! ¡Magnífico! ¡Maravilloso! -y añadió mirando con una sonrisa boba a Rigoberta- Y también soy muy tierno...

Rigoberta le miró también a él con ojos brillantes...

-¡Ya, coño! -grité-. ¡Busca al resto!
Chencho refunfuño algo y cerró los ojos.

-Ya los he localizado a todos. Celia y Chess han aparecido en pleno campeonato de Fútbol Total, en el encuentro entre los Aleatoriedad Suprema Club de Fútbol y los Entropía All-Stars, rodeados de miles de monstruos caóticos. ¡Corren grave peligro!
-¿Podemos ir a por ellas? -pregunté.
-¡Iba a decir "ni puta idea" pero no hay imposibles para Míster Transsssporterr!

Un zumbido y una descarga de energía estática, y aparecimos en un estadio de fútbol de dimensiones colosales, preparados para luchar hasta la muerte... y sí, mucha muerte fue lo que encontramos. Celia y Chess estaban tomándose tranquilamente unos mojitos rodeadas de montañas de cadáveres de monstruos caóticos.

-¿Estáis bien? -pregunté atónito.
-Pues sí -respondió Celia-. No sé que ocurrió, pero aparecimos aquí. Los hinchas de ambos equipos ya estaban matándose y les ayudamos un poquito.

Chencho y yo nos miramos y tragamos saliva.
-Dan miedo.
-Mucho.

No tardamos en informar a Celia y a Chess de lo que había ocurrido.
-¿Y los demás? -preguntó Celia-. ¿Están bien? ¿Dónde han aparecido?
-Propongo que vayamos a por Vicky y Fer, y que Cafre sea el último que recuperemos -dijo Chencho.
-¿Es el que menos peligro corre?
-No, para nada. Es para disfrutar de la tranquilidad que provoca su ausencia durante un rato más.
-Entiendo... ¿dónde están Vicky y Fer?
-Han llegado a una dimensión alternativa, muy similar al año 1950 de nuestro antiguo mundo. Para ellos han pasado ya dos meses desde que aparecieron en esa dimensión.
Todos nos horrorizamos.
-¡No! ¡Pobres! Deben sentirse terriblemente desorientados...
-Para nada -suspiró Chencho-. Prácticamente están terminando de conquistar y convertir ese mundo en la enfermiza idea que tienen ellos de una utopía... Toda Norteamérica está dirigida por una coalición de tribus amerindias con máximo respeto al medio ambiente, salvo el sur de lo que se conocía anteriormente como Estados Unidos. Es un protectorado con la capital en Nueva Orleans donde es legal cazar miembros del Ku Klux Klan. Por otro lado, Europa es una nación unificada llamada "Céltica", con capital en Dublín y la cerveza es la bebida oficial en todo el territorio. Recién han aprobado una ley donde se establece que los cazadores furtivos pillados in fraganti serán despellejados vivos. Mientras tanto, Fer está organizando China y Rusia como un "auténtico comunismo" pues, según él, los antiguos dirigentes no eran dignos de tal nombre. También están construyendo infraestructuras en África y tienen grandes planes para Oriente Medio, Indonesia y Oceanía... hicieron un primer intento de conquistar Sudamérica, pero comenzaron por Chile y parece ser que decidieron abordar esa misión con un poco más de tiempo hasta que pudieran entender el extraño idioma que hablan... ¿cachai?
-Joder. Esos dos están disfrutando, ¿verdad?
-Mucho.

Chencho desapareció y reapareció unos segundos más tarde acompañado de Vicky y Fer.
-Sabéis que habéis alterado todo el continuum de esa dimensión, ¿verdad? -les regañaba Chencho.
-Algo teníamos que hacer para matar el tiempo, ¿no? -replicaba Fer, el hombre dragón.
-En fin, sólo quedan Cafre y su pavo. Ellos sólo viajaron en el tiempo. Cafre ha aparecido unos días atrás y se ha encontrado consigo mismo, sólo que unos días más joven.
-Oh, no -dijo Vicky-. Mi hermano es capaz de matarse a sí mismo y crear una paradoja temporal.
-Sí -asintió Chencho-. Voy a por él. Un Cafre es sumamente inestable, no quiero pensar qué pasará con dos Cafres existiendo a la vez en el mismo espacio-tiempo...

Chencho, nuevamente desapareció y reapareció a los pocos segundos, acompañado tanto de Cafre como de su pavo gigante. Eso sí, esta vez Chencho volvió con la cara completamente roja. Cafre, a su lado, se subía los pantalones.
-No -gruñó el interdimensionador-. Un Cafre no estaba matando al otro Cafre.
-Pero, ¿qué...?
-Sesenta y nueve -murmuró Chencho con un hilo de voz.
-¡Es que siempre quise saber qué se sentía si  uno mismo pudiera...! ¡Bueno, ya sabéis! -gritó Cafre-. ¡Pero tengo la mala suerte de tener todas mis costillas! ¡Nunca pude conseguirlo! Y al ver a mi otro yo... pensé... pensamos...
-Oh, Dios mío, no quiero saber más -pidió Celia-. Y lávate ahora mismo esa boca.
-Propongo que nos centremos en averiguar qué salió mal en la teletransportación. ¿A alguien se le ocurre algo?
-Ni puta idea...


miércoles, 28 de diciembre de 2016

GdP2: VII


Nos alejamos del campo de batalla. El gran exoesqueleto de Celia hizo un ruido similar a un silbido y soltó chorros de vapor por sus articulaciones. El torso se abrió y la que había sido la jefa del Comando Caprino descendió de la máquina. Vestía un mono de trabajo azul, de cuyos bolsillos asomaban llaves inglesas y destornilladores. Celia me miró, suspiró y pronunció solemnemente:

-El Comando Caprino estuvo a punto de expulsar a las fuerzas del Caos en siete ocasiones.

Casi caigo de espaldas. Las fuerzas del Caos son omnipotentes. Para saber el potencial de los mejores grupos rebeldes que guerrean contra ellas, basta saber cuántos meses han podido sobrevivir. Nadie en su sano juicio podría pensar en expulsarlas o derrotarlas definitivamente. ¿Cómo era posible?

-Si te preguntas cómo es posible -continuó hablando Celia-, es porque descubrimos que el Caos introdujo en este mundo dispositivos que, una vez activados, devolverían este universo a como era antes de la entrada de las Fuerzas del Caos. Nadie lo recordaría. Bueno, quizás quedaran recuerdos residuales en la cabeza de algún gilipollas y quizás hasta podría escribir un libro que serviría para que muriese de hambre si pensara vivir de él, pero poco más. El mundo volvería a ser tal y como era antes de las fuerzas del Caos.
-¿Por qué harían eso las fuerzas del Caos? -pregunté-. ¿Por qué plantar las semillas de su propia destrucción?
-Porque esa es su naturaleza -respondió Celia-. Son caóticas. Impredecibles. Irracionales. Y siete veces logramos encontrar uno de esos dispositivos.
-Y... ¿qué pasó? -intervino Chess- ¿Por qué no los activasteis?
-¡Pregúntale a Cafre! -gritó Celia-. Las seis primeras veces fue él quien marchó a activar el dispositivo, y en las seis ocurrieron cosas raras... "el dispositivo no funciona", "el dispositivo fue robado antes de que llegáramos", "apareció un monstruo caótico y lo destruyó antes de que yo pudiera actuar", "el dispositivo se mojó y se cortocircuitó", "pisé el dispositivo sin querer", "el dispositivo se lo comió mi pavo por accidente"... en la séptima, él se ofreció a activarlo nuevamente, pero nosotros ya sospechábamos y le seguimos... ¡sólo para descubrir que era él quien saboteaba los dispositivos! ¡Cafre no es más que un agente pagado por el Caos!

Miré a Cafre sin salir de mi asombro. Tal blasfemia le convertía posiblemente en el mayor traidor de la historia hacia la raza humana.

-A mí jamás me pagó el Caos -repuso Cafre sin inmutarse-. Bueno, al menos no por sabotear los dispositivos.
-¿Por qué? -pregunté atónito.
-¡Eso mismo pregunté yo! -gritó Celia-. Cuando descubrimos su sabotaje, comenzó una gran discusión entre los miembros del Comando Caprino. Varios decidieron abandonar y seguir por su lado, otros le juraron odio eterno a Cafre... fue el fin del Comando Caprino. Eso fue lo que pasó.

Sentí la rabia ardiendo en mi interior. Me giré hacia Cafre y le encaré.

-¿Cómo pudiste hacer algo así? ¿Cómo pudiste tomar tú una decisión de la que dependían la vida y la muerte de tantas personas? ¿Eres al menos consciente de tus hechos? ¡Jugaste con el destino de toda la humanidad!
-Oye, cachorrito, baja los humos -repuso Cafre con desdén-. Hay algo que Celia no sabe, y es que la propia humanidad fue quien decidió la entrada del Caos en este mundo. La primera vez que boicoteé uno de esos dispositivos no lo sabía. Esa vez sí lo hice por la simple razón de que me gusta más este mundo que un mundo "normal". Así que sí, crucificadme si queréis. Pero poco después descubrí la horrible verdad. Fue la humanidad la que hizo posible que los poderes del Caos se manifestaran. Y fue un acto consciente.
-¿De qué estás hablando? -preguntó Celia.
-El día anterior a que se abriera el cielo y entraran las fuerzas del Caos a manadas, se hizo una votación democrática a nivel mundial. Una única pregunta que, a cada persona viva, le llegaba de manera distinta... a algunos les llegó como mensaje por las redes sociales, a otros los abordó "alguien" en la calle y les soltó la pregunta a bocajarro, unos pocos lo vieron publicado como un anuncio en un periódico, e incluso a los que estaban durmiendo se les apareció la pregunta en sueños. Sin duda, fue la votación más justa y democrática de toda la historia, pues todo el mundo pudo votar.

Empezaba a asustarme el cariz que estaba tomando la explicación, pero necesitaba saberlo.
-¿Cuál era esa pregunta?
-"¿Le gustaría vivir en un mundo donde todos sin distinción tuvieran exactamente las mismas posibilidades?"
-Es coña, ¿no?
-¡No! ¡No es coña! -Cafre alzó la voz en la discusión-. ¡Más de un noventa y siete por ciento de la población universal con mayoría de edad cumplida respondió "sí"! Obviamente, aquellos pisoteados por la sociedad respondieron que sí, pero muchos enchufados también lo hicieron porque era la respuesta políticamente correcta. Esa pregunta la habían lanzado los poderes del Caos antes de la invasión, con lo cual su irrupción en este plano de existencia estaba ya justificada. Y cumplieron con creces su promesa electoral, porque en este puto mundo todos tienen las mismas probabilidades de palmarla.

Sentí como todas mis creencias se derrumbaban. Por un momento, creí que yo mismo me caería al suelo. Chess, Rigoberta y Celia parecían estar tan afectadas como yo.
-No puede ser... nadie sería tan idiota como...
-Bueno, aquí el bueno de Chencho hizo varios viajes interdimensionales a una realidad paralela similar a la nuestra, donde los poderes del Caos no se manifestaron. Y, según sus estudios, lo de dar democracia a esa gente no es buena idea...
-Efectivamente -asintió Chencho-. En ese universo paralelo las votaciones causan grandes sorpresas. Hasta en los referéndum pueden salir ganadoras las opciones más locas. E incluso cuando se vota algo bueno, suele venir un golpe de estado después. Alemania, Italia, Reino Unido, Francia, Estados Unidos, prácticamente todos los países de Sudamérica... sólo hay que echar un vistazo y ver que el sistema democrático, o sus opciones a elegir, o ambas cosas son una chapuza. De hecho, hay países como España que prácticamente nunca han votado algo coherente. Y bueno, hay años como el 2016 que los resultados de las votaciones son realmente divertidos.
-Es un mundo enfermo -añadió Cafre-, donde todos ansían que se opine libremente... pero si opinas algo que no es políticamente correcto, eres marginado. Así que sí, puedes verme como el "traidor" que ha evitado la derrota definitiva del Caos. O puedes considerarme aquel que resguarda la decisión democrática tomada por toda la humanidad (aunque muchos sean completos imbéciles). Yo, de hecho, soy un mártir. Fui de los pocos que respondió "no" a esa pregunta. Y por eso me uní a tu causa de erradicar a esos nostálgicos del antiguo régimen que han asaltado tu aldea. Va contra lo establecido por ellos mismos.

No sabía qué responder. Mi mente estaba a punto de explotar.
-Además, ¿por qué crees que Vicky respalda mis decisiones? -añadió Cafre-. Ella sabe que es lo moralmente aceptable, la responsabilidad democrática de...
-¡A mí eso me da igual! -le interrumpió Vicky-. ¡Lo que pasa es que en este mundo tengo gatitos! ¡Muchos gatitos! ¡Y tengo un novio que es un dragón!

Y Vicky se abalanzó feliz contra Fer, abrazándolo a la altura del cuello. La pobre criatura mitad hombre y mitad dragón, mientras notaba como su vida se escapaba debido al inconsciente estrangulamiento de su amada, nos miró fijamente y susurró casi al borde del ahogo:
-Matadme...


Próximo episodio: Ni puta idea...

jueves, 15 de septiembre de 2016

GdP2: VI

Después de que Chencho terminara de recitar las propiedades químicas de todos los elementos de la tabla periódica (pues le había dado un nuevo arrebato cortocircuitesco), nos teletransportamos.

Cafre y Vicky pidieron al interdimensionador que nos hiciera llegar hasta donde se encontrara Celia, quien fuera la legendaria líder del Comando Caprino. Ambos comentaban que Celia fue la única persona capaz de poner orden en un grupo tan entrópico... el cual, a su vez, luchaba en y contra un mundo caótico. Describían a Celia como una persona sensata, sensible, racional, cauta, que no habla por no pecar...

Mentiría si no dijera que estaba deseando conocer a esa mujer que lideró a tan famosos guerreros en tantas misiones.

Afortunadamente, Vicky nos dio a Rigoberta, a Chess y a mí unas pastillas contra el mareo. Según ella, hacían maravillas para evitar los desagradables efectos secundarios de las "interdimensionalidades" de Chencho.

Aparecimos, sin embargo, en un lugar de todo menos apacible... nos teletransportamos en una inmensa y yerma llanura de tierra gris donde se libraba una enorme, gigantesca batalla. Explosiones, rayos, ráfagas de ametralladora, ruido ensordecedor, trozos de tentáculos que saltaban por los aires... pero los bandos no estaban igualados. En absoluto.

Por un lado, había miles, quizás millones, de criaturas caóticas, de todo tipo y tamaño... había monstruos con cabeza de elefante y cuerpo de mosca (a escala real), así como extrañas criaturas reptantes viscosas y aullantes que escupían grasa de cocido madrileño... había humanoides escamosos, quitinosos, emplumados, empapelados o embarrados; zombis, esqueletos, vampiros y chupasangres de la hacienda tributaria; horribles seres deformes que amenazaban la cordura de aquel que se atrevía a mirarles; ácidos vivientes que resultaban ser un peligro incluso para los de su propio bando...

Un ejército caótico. Al completo.

Y todas esas bizarras, inimaginables criaturas, se enfrentaban a un único oponente... a una mujer portadora de un negro exoesqueleto mecánico de más de dos metros de altura, decorado con pegatinas que simulaban ser neones fluorescentes de color rosa y verde. El voluminoso exoesqueleto, una auténtica armadura de combate, incorporaba en cada uno de sus brazos dos cañones proyectores de partículas que disparaban ininterrumpidamente contra el inmenso enjambre, abriendo sanguinolentos surcos en la marea caótica... sólo quedaba a la vista la cabeza de la guerrera, una mujer de cabello cobrizo, gafas y expresión furiosa. Su voz se escuchaba incluso por encima del ruido de la batalla, al gritar:
-¡MORID CABRONES HIJOS DE LA GRAN PUTAAAAAAAA!

Pero, a pesar de su valor, era obvio que no aguantaría más de unos segundos contra un enemigo tan superior,

-¡Es Celia! -gritó Vicky.

Y sin más preámbulos, mis compañeros se lanzaron a la batalla.

Respiré hondo, cerré los ojos e invoqué al Lobo, mi tótem y espíritu guardián. Sabía que, pese al valor y las destrezas de mis compañeros, las posibilidades estaban en nuestra contra. Sólo me reconfortaba la idea de que, al menos, podría morir como un guerrero junto a unos compañeros tan legendarios.

Abrí los ojos y me lancé a la batalla...

...sólo para encontrarme con que prácticamente había terminado ya.

Vicky lanzaba cuchilladas y shurikens por doquier, rematando a varios monstruos con un único movimento; Fer sobrevolaba el campo de batalla, exhalando su flamígero aliento y calcinando hordas enteras; Chencho usaba sus poderes para teletransportar grandes cantidades de enemigos unos metros más allá... pero sólo mitades de cuerpos o cabezas, dejando a su paso montones de miembros mutilados; Cafre, montado en su pavo gigante y con una escopeta recortada en cada mano, corría de aquí para allá arrollando, pisoteando enemigos y disparando a quemarropa; Chess conjuraba su magia nigromántica para levantar como zombis sin cerebro la gran cantidad de cadáveres disponibles y lanzarlos contra los que habían sido sus compañeros caóticos un segundo antes... únicamente Rigoberta parecía tener problemas. Enfrascada en combate personal contra un gargantuesco gusano colmilludo, Rigoberta usaba una férrea maza para aplastar la cabeza de su enemigo, dejándolo medio muerto. Pero después miraba al gusano retorciéndose entre espasmos, le daba pena y usaba su don de la curación para sanarle. El gusano agradecía el gesto intentando morder a la sanadora, que de nuevo aplastaba la cabeza de la criatura... y volvía a darle pena, y volvía a sanarle, y el gusano de nuevo intentaba morderla, y de nuevo Rigoberta usaba la maza, y miraba al gusano ensangrentado y le daba pena y... bueno, el bucle parecía eterno.

-Pero qué... -empecé a decir, anonadado,
-¡Joder, tío! -escuché la voz de Cafre-. ¡Si eres pacifista haberlo avisado antes! ¡Te has quedado sin diversión!

No podía entender como un grupo, a primera vista tan... tan... no sé ni cómo definirlo... ¿extraño? ¿patético? ¿inusual? Tan lo que sea... era capaz de desplegar tal nivel de poder.

Cuando terminó la batalla, el reencuentro con Celia no se hizo esperar.
-¿Qué coño hacéis aquí? -gritó la calmada, sensata, cauta y racional líder, la que no hablaba por no pecar- ¡Os dije mil veces que no quería saber del puto Comando Caprino!
-Oye, por lo menos que nos das las gracias por echarte una mano -se quejó Cafre mientras se acercaba a lomos de su pavo.
-¡De ti es del que menos quiero saber! -chilló Celia quien, gracias a su exoesqueleto, podía mirar cara a cara a Cafre aunque éste estuviera subido a su pavo.
-¿Por qué? ¿Qué te he hecho yo? ¡Si venimos a pedirte que nos lideres de nuevo!
-¿Que qué has hecho? ¡Tú provocaste la disolución del Comando Caprino! ¡Tú! ¡Tú eres el máximo responsable de lo que pasó! ¿Y quieres que os lidere? ¿Tú? ¡Si las únicas órdenes que cumplías eran las que te interesaban! ¡No eres más que un chupacámaras más que pagado de sí mismo, incompetente, estúpido, irreverente, irresponsable, inconsciente, que lo único que quiere es llamar la atención porque tiene un gigantesco problema de ego!
-Hablas como cinco de mis seis ex.
-¿Cómo cinco? ¡No lo puedo creer! ¿Sólo como cinco?
-Sí. La sexta intuyo que también lo pensaba, pero al ser muda no lo decía...
-¿Lo ves, gilipollas? ¿Lo ves? ¿Y tú quieres que os lidere? ¿Que "te" lidere? ¡Eres un puto insufrible! ¡Un mentecato! ¡Un capullo!
-Pero soy guapo.
-¡Lo que eres es afortunado de que no te haya reventado ya a disparos de plasma, tanto a ti como a tu pavo!
-Oye, me empieza a dar la impresión de que estás algo resentida conmigo...
-¡No! ¿De veras?
-Pero, ¿es que me sigues culpando de lo que pasó?
-¿Tú qué crees, imbécil?

-Perdonad -intervine-. Pero, ¿puede alguien explicarme qué pasó?

Vicky, Cafre y Celia me miraron con cara de circunstancias.
-Lo que ocurrió es que...

Un grito de Rigoberta interrumpió la explicación:
-¿Puede alguien echarme una mano? ¡De veras que me da mucha pena matarlooo!



Próximo episodio... "Lo que pasó".

martes, 5 de julio de 2016

GdP2: V


El extraño ser (50% hombre, 50% dragón, 100% izquierdista) llamado Fer aceptó encantado la propuesta de Cafre. Estaba ilusionado con la idea de ayudar a terminar con esa plaga de románticos del antiguo régimen que asolaba mi aldea. Y Vicky, al ver que su compañero se embarcaba en la aventura, decidió unirse también. No tardaron en preparar una mochila con los enseres básicos y partir con nosotros.

Cuando ya estábamos saliendo del pantano, me acerqué a hablar con Fer. Le pregunté porqué en un mundo caótico como el que vivíamos, donde nada tenía sentido, él se mantenía tan firme en mantener como propia una ideología en la que nadie creía ya.

-Por eso mismo -respondió mientras exhalaba una pequeña llamarada con forma de hoz-. Porque cuando parece que todo es inútil, es cuando más fuerte debes mantener tus ideales. No se trata de que tus principios se materialicen instantáneamente en tu vida, porque es imposible. Se trata de conseguir que tu ideología no muera en el entorno hostil, de que siga viva en la boca de una nueva generación y que, aunque sean los hijos de los hijos de tus hijos, la hagan realidad...

Creo que iba a añadir algo más pero, de repente, un resplandor nos deslumbró a todos. Cuando nuestros ojos pudieron enfocar de nuevo, había frente a nosotros cuatro extraños personajes, vestidos con largas túnicas grises que sólo dejaban al descubierto sus élficos rostros de piel azulada. Detrás de ese grupo de cuatro, había tres personas más vestidas con atuendos militares. Esos otros tres parecían humanos; uno era de piel negra, otro marcadamente asiático y el último rubio y de piel pálida.

-Pero, ¿qué coño...?
-Buenos días, aventureros -saludó uno de ellos-. Somos los Cuatro Guardianes de la Corrección Política, hemos jurado traer armonía a este mundo de Caos. Estamos siguiendo los inicios de vuestras aventuras e intervenimos para convertir vuestro desordenado grupo en una compañía políticamente correcta.
-Pero si ni siquiera hemos comenzado el viaje -me extrañé-. ¿Cómo es que os habéis enterado de algo?
-Creo que ha sido por mi culpa -dijo Chess-. Desde que partimos de nuestra aldea estoy publicando tanto fotos como el diario de nuestro viaje en las redes sociales...
-La madre que te parió.
-Esperad, yo me ocupo de esto -intervino Cafre, adelantándose-. ¿Qué problema hay?
-Vuestro grupo no es políticamente correcto. En primer lugar, todos los integrantes son de rasgos caucásicos. Hay que añadir un mínimo de diversidad étnica. Por eso me acompañan estas tres personas...

Los tres humanos se adelantaron e hicieron un saludo militar.

-Espera un jodido momento -dijo Cafre agarrando su escopeta-. ¿Dónde está el gitano?

El Primer Guardián de la Corrección Política se extrañó.
-¿Gitano? ¿Cómo que gitano...?

Se escuchó un disparo y el Primer Guardián de la Corrección Política cayó de rodillas soltando alaridos, abrazando su abdomen sangrante y agujereado.
-Te voy a dar una lección, capullo -sonrió Cafre mientras cargaba su humeante escopeta-. Si yo hago "esto", es racismo.

Y, de un disparo, Cafre le voló la cabeza al negro.

-Pero si ahora añado "esto", ya deja de ser un acto racista.

Y, con otro disparo, Cafre le voló la cabeza al blanco.

-¿Lo entiendes, guardián de pacotilla? No se trata de añadir diversidad étnica por huevos, el tema consiste en actuar con equidad e igualdad hacia todas las personas, independientemente del color de piel -añadió Cafre mientras cargaba de nuevo la escopeta y apuntaba a la cabeza del que tenía rasgos asiáticos.
-Se lo ruego, espere un momento -habló rápidamente el asiático-. No me mate, le aseguro que puedo serle muy útil.
-¿Ah, sí? -preguntó Cafre-. ¿Qué sabes hacer?
-Soy experto en artes marciales.

Cafre se le quedó mirando con cara inexpresiva mientras se escuchaba a su alrededor un coro de grillos.
-Te das cuenta de que, si después de matar al blanco y al negro, no mato al amarillo... y dejo que se una al grupo un estereotipo tan racista como es un asiático experto en artes marciales, sería ilógico. ¿Verdad?
-Un poco... -asintió el asiático mientras se encogía de hombros.

Y Cafre le voló también la cabeza.
-Un negro, un blanco, un amarillo... ah, sí -Cafre disparó en ese momento a la cabeza del Primer Guardián de la Corrección Política, rematándolo-. Quedaba el azul. Solucionado el primer problema. ¿Cuál es el siguiente inconveniente?

El Segundo Guardián de la Corrección Política tragó saliva y se adelantó.
-Yo soy el Guardián que vela por la corrección con todas las tendencias sexuales. En un grupo ampliamente heterosexual, debe incluirse al menos un homos...
-Oye, que yo ya me definí hace un rato como pansexual de amplio espectro -le interrumpió Cafre.
-¡Y yo soy bisexual! -añadió Rigoberta.
-Mira por donde, ese problema no lo sufre nuestro grupo -sonrió Cafre.

Y le voló la cabeza de un disparo al Segundo Guardián de la Corrección Política.

En ese momento, se adelantó el Tercer Guardián de la Corrección Política. Mejor dicho, Guardiana, pues era una mujer.
-Yo soy la Guardiana de la igualdad de género. Y estoy satisfecha, pues en este grupo hay igualdad en número de hombres y mujeres.
-Pero soy yo quien tengo un problema contigo -dijo Cafre pensativo-. Si he matado a tus compañeros varones y no te mato a ti por ser hembra, es algo sexista.
-No puedes hacerlo -replicó ella-. Ten en cuenta que, según la Ley de Violencia de Género Post-Caos, un varón no puede matar a una mujer por el mero hecho de serlo, pues es delito.
-¿Eso se aplica también si una mujer mata a un hombre por el mero hecho de serlo? -preguntó confundido Cafre.
-No. En ningún caso.
-¿Por qué no?
-Porque no es políticamente correcto.
-Entonces no puedo matarte... ¿aunque dejarte viva sea sexista?
-Exacto.
-Sólo queda una salida entonces, me temo... ¡Vicky!

Y Vicky desenvainó su katana y le cortó la garganta a la Tercera Guardiana de la Corrección Política.

-Solucionado -dijo Cafre-. Evitamos una situación sexista y, al mismo tiempo, acatamos la Ley de Violencia
de Género Post-Caos, pues no es un hombre matando a una mujer por el mero hecho de serlo... es una mujer matando a otra mujer por el mero hecho de serlo. Todo correcto. 

Cafre se volvió hacia el último de los Guardianes de la Corrección Política. Éste soltó una risita nerviosa y dijo:
-Mira, yo era el Guardián de la Corrección Política-Religiosa, me dedicaba a la inclusión de diversos credos en los grupos aventureros... ¡pero me ha quedado claro, no es necesario que me mates! ¡Mira!

Y el Guardián de la Corrección Política-Religiosa sacó un crucifijo de su túnica y lo rompió frente a las narices de Cafre... quien se quedó mirando fijamente antes de susurrar:
-Soy profundamente cristiano. Lo que has hecho no tiene nombre.

Y Cafre agarró al aullante Guardián de la Corrección Política-Religiosa, le arrancó la túnica y los calzones, introdujo el cañón de la escopeta en el ano azulado del aterrado tipo y disparó.

-Bueno, todo solucionado -dijo Cafre-. Retomemos nuestra aventura sin más dilación.
-No puedo decir que me cayeran bien pero, ¿no te has cargado a mucha gente que podía sernos de ayuda? -pregunté sin que me hubiera recuperado tras ver tanta violencia gratuita.
-Nah. Estos imbéciles son unos mindundis. No les necesitamos a ellos. Lo que necesitamos es a alguien que ponga derecho este grupo psicótico. Necesitamos una líder. La mejor que hay.

Próximo episodio: La líder.

viernes, 3 de junio de 2016

GdP2: IV

Como guerrero y campeón de Nueva Ávila, me he enfrentado durante años a los más duros enemigos. He vencido a cientos de monstruos nacidos en el Caos y derrotado en la arena a decenas de campeones rivales. Sin embargo, reconozco que el paisaje que en ese momento me rodeaba conseguía sobrecogerme.

A mi espalda, la vegetación formaba un muro gris y deprimente de tortuosas ramas entrelazadas. Parecía acecharme, desafiándome a desandar el camino y amenazándome con la muerte si me atrevía a ello. El Bosque Maldito.

Enfrente de mí, una enorme y fría laguna que reflejaba el color plomizo del cielo. Un desapacible viento formaba diminutas olas que agonizaban en la orilla de negros guijarros. No podía ver la otra orilla, cubierta por una neblina que, poco a poco, iba haciéndose más y más densa. El Lago Nes

En el centro del lago, surgiendo de la tenue bruma, se alzaba un tétrico islote hecho de lo que parecían afiladas rocas de un sucio color blanquecino, aproximadamente tres veces más alto que ancho. El Peñasco del Dragón.

Y en la cima, presidiendo la descorazonadora escena, dos fantasmagóricos torreones rodeados de una arcana muralla derruida en varios sectores. El Reposo del Dragón.

Una visión ominosa, minimizada por el hecho de que el único sonido que se escuchaba en el lugar era un coro de lejanos maullidos. La Granja de Gatos.

-Sí, mi hermana Vicky es una fanática de los michos -comentaba Cafre en ese momento.
-Pero no hay manera de llegar al islote -dijo Rigoberta-. Y yo preferiría que Chencho no nos volviera a teletransportar tan pronto...
-¿Qué problema hay? Caminemos hasta el peñasco. La superficie del lago Nes en su zona más profunda no llegará a los tres centímetros.
-¡Me tomas el pelo!
-No, para nada. Como mi cuñado se encarga de matar a todo aquel que se interna por aquí, es algo que no suele saberse.

Efectivamente, así era. Comenzamos a andar y, chapoteando, fuimos acercándonos al Peñasco del Dragón.

-A las doce y cuarto, a unos cincuenta metros, puedo ver un cocodrilo -avisé mientras llevaba mi mano derecha a la empuñadura de mi espada.
-Ni se te ocurra -me dijo Cafre-. Ese es uno de los "gatitos" de Vicky.
-¿Qué?
-Estamos en el territorio de mi hermana y mi cuñado. Son sus reglas, no lo olvides. Si ves halcones, nutrias, terneros, ranas, panteras, golondrinas, lobos, mariposas, peces payaso, elefantes, periquitos, cerdos, boas, pinnípedos diversos, avestruces o varanos... da igual. Cualquier animal que veas aquí, al cuidado de mi hermana, son sus "gatitos". Cuantas menos preguntas hagas, mejor.
-Pero, esa "Granja de Gatos" de la que has hablado que tiene tu hermana... ¿significa que cría todo tipo de animales?
-No. En la granja de gatos cría gatos. Es obvio. El resto son sus "gatitos". De verdad, es mejor no entenderlo.
-¿Y cómo alimenta a tanto animal? ¿Cría "gatitos" para dar de comer a otros "gatitos"?
-Qué va. A los "gatitos carnívoros" los alimenta principalmente con palomas. Las palomas no son gatitos. Y cuando se le terminan las palomas, va a al supermercado de la esquina. Es saliendo del bosque maldito, por el tercer cementerio a la izquierda.
-Tu hermana fue una de las fundadoras del Comando Caprino -recordó Chess-. ¿Qué poder tiene, aparte de cuidar bichos?
-Es una ninja de primera categoría -respondió Cafre-. Tendremos que estar muy atentos para poder verla.
-¿Se camufla hasta el punto de volverse casi invisible? -me maravillé.
-Bueno, eso y que es muy bajita.

Llegamos hasta el Peñasco del Dragón. Un estrecho camino escondido entre las rocas llegaba a un enorme portón de madera maciza excavado en la roca. Cafre lo golpeó enérgicamente al tiempo que gritaba:
-¡Vicky! ¡Fer! ¡Somos Cafre, Chencho y unos amigos! ¡Abrid!

En respuesta a su llamado, el portón se abrió con un desagradable chirrido. Al momento, mi nariz se inundó con una mezcla de olores: almizcle, pienso, estiércol, incienso... Cruzamos el umbral y entramos a un recibidor bastante acogedor, decorado con muebles de época y una extensa librería. Varios gatos retozaban por el lugar. En el centro del salón, una mujer nos esperaba de pie y con expresión divertida. Cafre nos había comentado que su hermana ya había cumplido más de treinta años, pero aparentaba unos cuantos menos. Era una mujer atractiva de cabello rizado y moreno, aproximadamente de metro y medio de altura. Vestía unas ceñidas ropas de color negro; una cinta de cuero cruzaba su pecho y se unía a un ancho cinturón. De ambas prendas asomaban varios shurikens y kunais, una kusarigama, un par de nunchakus, otro par de tonfas, un ninjato y, sujeto a la espalda, un hanbo.

-¡Hola, peque! -saludó Cafre-. Chicos, esta es mi hermana Vicky.
-¿Chencho y Cafre unidos de nuevo? -preguntó Vicky socarrona-. Creí que no viviría lo suficiente como para verlo.
-Oh, sabes que Chencho es un buenazo y me lo perdona todo porque en el fondo me quiere -rió Cafre-. ¿Cierto, Chenchito?
-Aínda que me botes os cans ó rabo, léveme o demo se deixo o nabo...

Los ojos de Chencho, inyectados en sangre, se clavaron con furia en Cafre mientras sufría ese leve cortocircuito en gallego. Cafre, sabiamente, pasó veloz a otro tema.

-Peque, te presento a Herji, Rigoberta y Chess... son el motivo por el cual estamos aquí. Pero, ¿y mi cuñado? ¿Dónde está Fer?
-Arriba -respondió Vicky-. Vamos a su despacho, se alegrará de veros.

Vicky nos guió y ascendimos por unas escaleras en espiral hasta llegar a ese despacho. Era una sala pequeña, donde en un par de mesas se acumulaban libros, ordenadores portátiles, latas de cerveza vacías y hamburguesas a medio comer. Sonaba a todo volumen una música cañera que creí reconocer como "Chaos Metal".

Sentado frente a uno de los ordenadores portátiles, absorto en lo que fuera que mostrara la pantalla, se hallaba un ser único: Un hombre flaco y de aspecto desgarbado, con el cabello corto y oscuro, bigotito más unos pelos desordenados en su barbilla. Vestía únicamente con un pantalón vaquero y unas gafas... podía ser un hombre normal, pero de su frente surgían dos pequeños cuernos en espiral y dos alas verdosas, similares a las de un inmenso murciélago escamoso, decoraban su espalda... espalda que terminaba en una cola parecida a la de un dragón de Komodo. Sus manos eran más garras que manos, y tecleaban furiosas.  
Se trataba de "El Dragón del Lago Nes"... También conocido como Fer, el novio de Vicky y el cuñado de Cafre.
Estaba absorto tecleando mientras murmuraba cosas contra "la ultraderecha", otras cosas a favor de "los auténticos comunistas" y pensamientos tales como "que así a lo tonto, si hablamos de corrupción, habremos batido más de un récord de casos aislados" al tiempo que pequeñas llamaradas escapaban de su boca. En ese momento entendí porqué Cafre había pensado en él para enfrentarse a los invasores de Nueva Ávila... pero yo tenía mis dudas.

Ese extraño y maravilloso ser al que llamaban Fer me daba miedo. Mucho miedo.

-¡Cuñaooooo! -gritó Cafre-. ¡Cuñaete, cuánto tiempo!



Continuará...

martes, 12 de abril de 2016

GdP2: III


-¿Sabes la dirección de mi hermana? -le preguntó Cafre a Chencho.
-Por supuesto, voy a veces de visita -respondió el interdimensionador-. ¿Salimos ya?
-Sí. Transporte para ti, para cuatro personas adicionales y un pavo gigante.

Chencho cerró los ojos y alzó los brazos. Poco a poco, comencé a sentir un cosquilleo.
-¿Qué hace? -preguntó Rigoberta.
-No hay límite a la masa que Chencho puede "interdimensionar". Pero necesita, por decirlo de alguna manera, "sintonizarnos" a su frecuencia. Se ha teorizado que si dispusiera de un año completo, podría desplazar de tiempo y lugar una metrópolis completa. Chencho es mucho Chencho.
-¡Es Míster Transsssporterr para ti! -gritó Chencho.
-Que sí, Chencho, que sí... ¡si sabes que siempre te llamo así en la intimidad!
Chencho masculló algo ininteligible que parecía hacer mención a la abuela de Cafre.

Sentí el aire temblar y calentarse. Una enorme naúsea me asaltó e intensos temblores se adueñaron de mi cuerpo. Un estallido de brillantes colores cegó mis ojos y colapsó mis oídos.

Cuando recuperé mis sentidos, el paisaje había cambiado por completo. Nos encontrábamos ahora en la linde de un siniestro y oscuro bosque de altísimos cedros de hojas color negro y rojo, bajo un cielo púrpura.

Iba a decir algo, pero la naúsea volvió más fuerte y no pude reprimirlo. Comencé a vomitar. Por los ruidos que hacían mis compañeras Chess y Rigoberta, supe que a ellas les pasaba lo mismo.

-Sí -escuché hablar a Cafre-. Las dos o tres primeras veces es bastante desagradable, pero después el cuerpo se acostumbra.
-Exacto -dijo Chencho, mientras nuestros estómagos parecían no vaciarse nunca-. Es un efecto secundario y desagradable al ser interdimensionados. Cafre y yo ya pasamos en su momento por eso.
-Sí -asintió Cafre-. Lo único, que a mí me está dando mucho asco verles vomitar así.
-A mí también -reconoció Chencho-. De hecho, creo que...

No hablaron más. Chencho y Cafre empezaron a vomitar también.

Tras un rato, conseguimos recomponernos todos y nos internamos en el tenebroso bosque. Aunque no ayudó que Cafre comenzara a hacer chistes bastante escatológicos sobre la "maravillosa laguna maloliente" que habíamos creado entre los cinco y que, según él, se convertiría en un punto geográfico de referencia para las generaciones venideras...
Deseando cambiar de tema, pregunté donde estábamos y hacia donde nos dirigíamos.

-Nos encontramos en el bosque maldito que rodea el gran lago Nes -explicó Cafre-. En medio del lago se encuentra un gigantesco islote llamado el Peñasco del Dragón y, en su punto más alto, hay una fortaleza llamada el Reposo del Dragón. Ahí viven mi hermana y mi cuñado, y es allí donde nos dirigimos. La interdimensionalidad de Chencho tiene un margen de error de unos pocos kilómetros, así que nos va a tocar caminar un trecho.

Chess, Rigoberta y yo palidecimos.

-¡Espera un momento! -grité al tiempo que agarraba a Cafre del brazo-. ¡Todo el mundo conoce el Peñasco del Dragón! ¡Nadie que llegue a ese lugar sale vivo! ¡Es imposible que tu hermana y tu cuñado vivan allí!
-¡Oh! ¡No es imposible! -rió Cafre-. Mi cuñado es el dragón, ¿sabes? Lo de que la gente la palma cuando llega al peñasco, es porque mi hermana y mi cuñado son un poco antisociales.
-¿Qué cojones...?
-Mi hermana Vicky se retiró de la vida aventurera y montó una granja de gatos. En cuanto a Fer, mi cuñado... Una explosión caótica hizo que le salieran alas, cola, garras, cuernos, unas cuantas escamas y desde entonces puede escupir fuego a voluntad. Ahora se dedica tranquilamente a programar videojuegos de rol en su fortaleza. Extrañamente, desde que sufrió la transformación que le dejó hecho medio dragón, Vicky lo encuentra aún más atractivo...
-¡Pero eso es bestialismo! -se escandalizó Rigoberta.
-Ay, cómo se nota que casi no habéis salido al mundo -dijo Cafre-. Yo antes era heterosexual puro y duro, pero casi todos los aventureros terminamos volviéndonos pansexuales en este mundo caótico. Pero pansexuales en el amplio espectro, ¿me entiendes?
-No. No te entiendo.
-Es fácil. Primero te fijas sólo en las chicas humanas. Pero a base de vivir aventuras, conoces a sensuales vampiresas muertas vivientes que aún no se han terminado de descomponer, o mujeres que son mitad humanas y mitad animal de feroz atractivo... De ahí a fijarte en animales inteligentes, sólo hay un paso. Y poco a poco vas probando cosas nuevas... monstruos cuyo género no está tan bien definido, seres hermafroditas, constructos o especies que no se ciñen a lo de hombre y mujer, si no que tienen más de siete géneros distintos (lo cual les complica un poco la reproducción)... Una vez mantuve una relación amorosa con una ameba gigante que tenía una personalidad encantadora. Aun la recuerdo con cariño. Cuando llevas tanto tiempo en este mundo tan cambiante... bueno, quieras o no, cambias con él.
-Si quieres mi opinión-intervino Chencho-, yo creo que tú, desde mucho antes, ya llevabas el caos dentro de ti...

Con los ojos abiertos como platos, inconscientemente, me alejé unos pasos de Cafre. Cafre me miró con expresión socarrona.
-Quédate tranquilo, Herji. No voy a fijarme en ti. No me atraes lo más mínimo ni tengo intención de llevarte a la cama. No me pones.
-¿Qué? -pregunté sin entender.
-Pues eso. Que una cosa es que yo sea pansexual de amplio espectro y otra muy distinta que me sienta atraido por todo lo que se mueva o permanezca inmóvil. Y tú, como que no.
-Espera, ¿por qué no? ¿Qué defecto tengo?
-No se trata de defectos, se trata de que no hay feeling, no hay tensión sexual entre nosotros, no me despiertas la libido para nada...
-¿Me estás diciendo que te liaste con una ameba gigante y yo no te atraigo lo más mínimo? -pregunté.
-Exacto. Pero, ¿por qué coño estás dolido? ¿Es que tú quieres algo conmigo?
-¡No! -chillé escandalizado.
-¿Entonces? ¿Qué te pasa?

Me quedé pensando largo rato. La verdad, ni tuve ni tengo respuesta que explique porqué mi orgullo se sintió herido en ese momento.

-¡Ya! -gritó Chencho-. Dejemos las charlas sentimentales metafísicas para después. ¡Hemos llegado al lago Nes!


Continuará...