Novelas por entregas. Una entrega al día... ¡o eso intentaré!

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Estoy de Vuelta 89

En ese preciso instante, en el museo de ciencias naturales, en una tranquila sección del edificio dedicada a la biología, un entrañable matrimonio de ancianitos observaba una pareja de ardillas disecadas.

-Mira, cariño, mira… parece como si estuvieran vivas y todo…

De repente, un guardia de seguridad apareció corriendo y gritando entre grandes aspavientos, armando un considerable alboroto:

-¡Socorro! ¡Socorro! ¡Los fósiles se mueven!

-¡Fósil lo será la zorra de tu madre, cabrón! –gritó el marido ancianito mientras le dedicaba un corte de mangas al guardia de seguridad. Luego se volvió a su mujer- ¡Qué grosero y maleducado! ¿Qué me estabas diciendo, cariño?

-Amor mío –respondió la esposa ancianita, con un nudo en la garganta-, te decía que estas ardillas disecadas parece que estuvieran vivas y todo…

Y “las dos ardillas disecadas que parecían estar vivas y todo” saltaron encima del rostro de los entrañables ancianitos y les comieron la nariz.

Nota del autor: El autor pasa completamente de describir todas las macabras situaciones que se vivieron en el museo de ciencias naturales a raíz de la maldición de Canael. Si realmente quieren saber la que organizó el esqueleto de brontosaurio, pueden remitirse al capítulo 8º de la novela titulada Guerra de Pavos donde el protagonista conoce a su futura suegra.

Postdata: El museo antropológico se encontraba también dentro del radio de acción de la maldición del demonio arrepentido Canael.

-Efectivamente. Están en el museo –informó Harry anonadado. 

Los Cazadores e Investigadores de lo Paranormal y lo Oculto Taumatúrgicamente Eficientes acababan de aparcar su furgoneta al lado del museo de ciencias naturales. La gente huía aterrorizada del recinto, algunos de ellos con ardillas disecadas prendidas de sus ropas o perseguidos por algún esqueleto de lince ibérico.

La cola del esqueleto de un brontosaurio se asomó al exterior desde una ventana, rompiendo el cristal.

-¡Moveos! –gritó Jingjing, saliendo de la furgoneta, desenvainando sus katanas y corriendo hacia la entrada-. ¡Es la oportunidad de nuestras vidas!

Harry, algo reluctante, echó a correr detrás de ella. El pater le siguió santiguándose a la carrera. Manolo y Sebas se miraron asombrados.

-¡Qué pasada! –gritó Sebas.

Y ambos echaron a correr también.

Los cazadores entraron en el caos. Un pez sierra disecado se agitaba convulsamente en la pared a la que estaba fijado. La calavera de un tiranosaurio botaba persiguiendo un fósil de ammonites que rodaba girando sobre sí mismo. Un vigilante de seguridad intentaba desembarazarse de un lobo marsupial que le tenía agarrado de los pantalones. Un guía del museo escapaba aterrado de una cohorte de buitres disecados que querían picotearle la lengua.

-¡Avanzad! –gritó Jingjing.

E hizo girar sus katanas.

Rubén, aterrado, había logrado arrastrar a Isabel hasta un rincón de la sala, fuera del alcance del Espectro, aprovechando que la atención de su enemigo estaba centrada en Canael. Pero no sabía qué más podría hacer.

Tras un intenso forcejeo, el Espectro lanzó por los aires al demonio, el cual se estrelló dolorosamente contra una vitrina de minerales. El oscuro ser siseó, comprobando que las garras de Canael habían arañado su impía carne. Mas sólo eran heridas leves.

-“¡Debemos hacer algo!
¡O ese cabrón oscuro
nos estampará contra un muro
y hará de nuestro amigo caldo!

-¡Hasta Poeta está bajo tensión! –protestó Fito interponiéndose entre el Espectro y el caído Canael-. ¡Sus rimas son aún peor de lo acostumbrado!
-¡Fito! –gritó Cosme-. Si eso ha podido con Sheila y Canael, ¡tú no tienes ninguna oportunidad!
-Es cierto –susurró la tenebrosa voz del Espectro-. Nada tengo contra ti. Apártate. Sólo quiero a tu amigo el demonio.
-¡Por encima de mi cadáver! –contestó Fito.
-¡Eres un cadáver! –le recordó Cosme.
-¡Entonces, poco puedo perder! –replicó el esqueleto.

Continuará

martes, 29 de octubre de 2013

Estoy de Vuelta 88

Sin embargo, un deslumbrante fulgor dorado hizo detenerse a la masa de oscuridad. Pero Felisa sólo fue capaz de detener momentáneamente al monstruo ahora conocido como Espectro.

Isabel quiso gritar, desterrar de su mente esas alucinaciones. Pero no pudo.
Alguien gritaba su nombre.

Se volvió sólo para ver a Rubén entrando a la carrera, acompañado de lo que parecía un ejército del submundo.

-Mi sueño… -murmuró Isabel.

Y cayó inconsciente al suelo.

-¡Isabel! –gritó Rubén llorando.

El joven llegó a su lado, se arrodilló y abrazó su cuerpo inmóvil.

-Isabel…

Ni siquiera se percató de Canael, lanzándose con furia irracional contra su enemigo.

-Isabel…

El demonio aulló de dolor cuando la oscuridad intentó envolverle.

-Tú o ella –murmuró con regocijo el Espectro-. Realmente, ¿qué más da?

Canael rugió de ira y su cuerpo pareció crecer, intentando escapar de la asfixia en esa oscura perdición. No podía. No era capaz de hacerlo.

Sheila llegó a su lado y abrazó al demonio, intentando separarle de la oscuridad. El tacto helado de Sheila llegó hasta el pecho del demonio. La oscuridad del Espectro no pudo romper la fría coraza que ahora protegía el corazón de Canael.

-¡No quiero perderte! –gritó Sheila, clavando sus ojos en Canael-. Te… ¡te quiero!

Frustrado, impaciente por acabar de una vez con su hambre, los tentáculos oscuros del Espectro se clavaron en el insustancial cuerpo de Sheila. Sus fantasmagóricos ojos, por primera vez, mostraron el dolor. Y Sheila se derrumbó en el suelo, aterida de frío, al borde de la no existencia. Los oscuros tentáculos del Espectro volvieron a alzarse. 

-¡No! –los brazos de Canael se alzaron sangrantes, rompiendo la presa del 
Espectro-. ¡No le harás daño! ¡No le harás daño a nadie más! ¡Maldito seas! ¡MALDITO SEAS!

-¡Arcángel Doradiel! ¡Arcángel Doradiel! –chilló el querubín. 

El Arcángel Doradiel le miró con los ojos inyectados en sangre. Una botella de tequila vacía llegó rodando, como una etílica blasfemia, hasta el querubín.

-¿Arcángel Doradiel? –preguntó el querubín.
-Dime qué coño pasa ahora –respondió en arcángel, con voz quejumbrosa.
-Eh… esto… está… ¿está usted realmente borracho, Arcángel Doradiel?
-Sí.
-Pero…
-¿Qué?
-El demonio arrepentido Canael y el Espectro se están enfrentando en este mismo momento, señor.
-Pues apuesta quinientos pavos por el Espectro.
-¿Cómo?
-Así, da igual quien gane. Nosotros también ganamos.
-Arcángel Doradiel… el demonio arrepentido Canael ha maldecido al Espectro, señor.
-¿Y qué? A mí también me gustaría maldecir a ese hijo de puta, a la puta que lo parió, a sus putos hijos, a su puto perro y a todos sus putos ancestros. ¿Qué pasa con eso?
-Na… nada, señor. Nada, si es usted quien maldice, claro… pero… pero recuerde lo que ocurre cuando un demonio maldice con fuerza…
-Que los muertos se alzan y abandonan sus tumbas. Vamos, como si necesitáramos aún más muertos correteando por ahí –respondió Doradiel con un bufido-. ¿Y qué pasa? ¿Hay algún cementerio cerca?
-No, señor.
-Entonces, ¿qué problema hay?
-Que están luchando en el museo de ciencias naturales.
-No me jodas…

Continuará

miércoles, 3 de julio de 2013

Estoy de Vuelta 87

-No sabía que podías teletransportar objetos –musitó asombrado Rubén.
-No puedo –respondió Canael-. Pero un demonio arrepentido puede compensar siempre sus pecados menores. Devolví lo que había robado. Nada más.

El viaje al museo de ciencias naturales pareció tardar horas, a pesar de que llegaron allí mucho antes de lo que sería recomendable en cuanto a seguridad vial se refiere. Se detuvieron frente al jardín que rodeaba el museo y abandonaron el coche a la carrera. Las gabardinas robadas que Fito y Poeta aún vestían ondeaban al viento, dejando ver el óseo espectáculo interior.

-¡Deberíamos disimular un poco! –gritó Cosme desde los brazos de Rubén.
-¡No hay tiempo! –rugió Canael, atravesando al vuelo la entrada principal del museo, ignorando el desconcierto y el horror tanto de los guardias de seguridad como de los, a esa hora, escasos visitantes y turistas.

Isabel se detuvo para poder observar una cuidada exposición de minerales. El esqueleto de un brontosaurio descansaba encima de su cabeza. Dos ardillas disecadas la miraban como con curiosidad desde el otro extremo de la sala.

Cada brillo de amatista, de ágata, de olivino, de calcedonia, de pirita o de glaucofana no hacían más que recordarle el brillo de la sonrisa, de los ojos, del cabello de Rubén…

Isabel suspiró. Creyó que era a causa de sus propias lágrimas, pero dio la impresión de que los minerales se oscurecían poco a poco… fue demasiado tarde para huir cuando se percató de que algo horrible se materializaba delante de ella.

Una masa de oscuridad viva y hambrienta.


-Por fin –sintió Isabel que algo aullaba en su cabeza-. Por fin.

Continuará

miércoles, 26 de junio de 2013

Estoy de Vuelta (tras demasiado tiempo) 86


Estaba vivo. Rubén estaba vivo. Estaban seguros. Habían intentado explicárselo a la policía, a sus familiares… pero nadie creyó a los padres de Rubén. Todo el mundo fue amable, sin embargo. Les dijeron palabras de consuelo, les intentaron convencer de que realmente no habían visto a su hijo por televisión, gracias a una cámara de seguridad de un centro comercial en el que algo había pasado y nadie sabía qué. Que era absurdo. Que era imposible.

Se les acababan las opciones. Decidieron llamar al que había sido el mejor amigo de su hijo, al que había sido atropellado junto con Rubén…

El teléfono de Sebas comenzó a sonar con un pitido estridente.

-“Rubén Fijo llamando” –informó Canael.
-¡Son mis padres! –se alarmó Rubén-. ¡Oh, Dios! Pero… pero… ¿para qué llaman a Sebas?
-¿Quieres que lo coja? –preguntó Fito-. ¡Puedo decirles que no se preocupen, que resucitaste como Jesucristo y que los muertos vivientes que te acompañan son muy responsables!

El pitido estridente no parecía tener intención de parar.

-¿Qué hago? –gritó Rubén.
-El teléfono es de Sebas, ¿verdad? –dijo Canael-. Es mejor que se ocupe el propio Sebas. Nosotros no podemos perder tiempo. Tenemos que llegar al museo de ciencias naturales lo antes posible…

Y el teléfono móvil se desvaneció.

-¡Maldita sea! –gritó un apaleado Harry mientras le daba un puñetazo a la furgoneta-. ¡Les teníamos! ¡Les teníamos!

Manolo y Sebas observaban con curiosidad al inglés, a Jingjing y al Pater. Los tres estaban frustrados, doloridos y vencidos. Y a Harry además parecían haberle dado una paliza. Todos ellos seguían en el aparcamiento del centro comercial. La policía les creyó cuando dijeron que paseaban por ahí y de repente se desmayaron. Tomaron sus nombres y les dejaron ir. Total, otros testigos habían mencionado esqueletos andantes, demonios, tiroteos y abrigos que levitaban, así que…

De repente, pareció como si se abriera un pequeño agujero en el aire, al lado de Sebas. Como un pequeño agujero que conectara con otro espacio u otro tiempo. Harry cayó hacia atrás mientras el Pater imploraba al demonio que retrocediera.

Sin previo aviso, un estridente pitido sonó, y el teléfono móvil de Sebas apareció por el agujero, acompañado de las siguientes palabras de Canael:
“…no podemos perder tiempo. Tenemos que llegar al museo de ciencias naturales lo antes…”

-¡Es mi móvil! –se alegró Sebas mientras cogía su teléfono y atendía la llamada.
-¿Qué era eso? –preguntó anonadada Jingjing.
-¿Sí? –preguntó Sebas-. ¡Ah, hola! ¿Sí? ¡Sí, claro! ¡Claro que está vivo! ¡Estuve con él anoche!
-¿Tú no has escuchado algo del museo de ciencias naturales? –Harry frunció el ceño.
-¿Con quién hablas? –preguntó Jingjing a Sebas.
-¡Con los padres de mi amigo Rubén! –respondió el joven- ¡El que va con los muertos! ¡Sí, sí! ¡Algo he oído yo también del museo de ciencias naturales! ¿Qué? ¡No, no! ¡Hablaba contigo! ¿Cómo?
-Jingjing, estoy a punto de volverme loco –susurró el inglés.
-Yo también –respondió la oriental-. Vamos a ese museo. Ya.

Continuará


jueves, 2 de mayo de 2013

Estoy de Vuelta 85


-Nos ponemos en marcha. Vuelvo a sentir la energía del Espectro, y estoy seguro que él vuelve a seguir el aura de Isabel. Nos vamos –el demonio bajó la mirada antes de continuar hablando-. Amigos, ese monstruo, si consigue asesinar a Isabel o a cualquier otra persona con un alma pura y absorbe su esencia, se transformará en un ser capaz de traer demasiado dolor al mundo. Juro que detendré a esa criatura. Y si para conseguirlo debo pagar el precio más alto, sea cual sea, que así ocurra. No habrá una segunda oportunidad. La vez que nos encontremos será la definitiva.

-Y nosotros estamos contigo, Canael –asintió Cosme-. Hasta el fin.

Todos asintieron en silencio. Fito arrancó.

Desde direcciones opuestas, dos persecuciones se reanudaron. El Espectro, en pos de Isabel. Rubén, Cosme, Sheila, Fito, Canael y Poeta, en pos del Espectro.

Isabel, en ese momento, entró en el enorme edificio neoclásico que albergaba el museo de ciencias naturales de la capital. Después de comer en casa de su tía, le había pedido a su padre que la dejara sola un par de horas antes de volver a casa.

-No podía dejar de entrar aquí, Rubén –murmuró mientras trataba de no llorar-. ¿Recuerdas cuando te propuse que viniéramos juntos algún día? Ni siquiera sé si te gustaría pasar conmigo una velada en un museo o te parecería aburrido… nunca lo sabré. Pero tenía mucha ilusión por hacer tantas cosas contigo… ojalá pudiéramos haber venido juntos. ¿Estás ahora conmigo, Rubén? ¿Lo estás? ¿Lo estás?

-¡En el museo de ciencias naturales! –gritó Rubén.
-¡Joder! –chilló Fito quien, debido al susto, casi tuvo que pegar un volantazo-. ¡Ni siquiera tengo sistema nervioso! ¡Y me lo estais alterando!
-¿Qué es lo que has dicho, Rubén? –preguntó Canael.
-¡Isabel está en el museo de ciencias naturales!
-¿Cómo? ¿Cómo lo sabes? –preguntó Sheila.
-No… no lo sé –respondió Rubén-. Pero está allí. Estoy seguro de ello.
-Si tienes razón, ahora podemos tomar ventaja –dijo el demonio-. Aceleremos.

Continuará

martes, 23 de abril de 2013

Estoy de Vuelta 84


Isabel estaba tumbada en la cama. No sabía aún si comería en casa de su tía o volvería a la suya. No sabía nada, ni le importaba. Tan sólo emborronaba papel y más papel. De vez en cuando, una lágrima surcaba su mejilla, hasta caer y fundirse con la tinta…

Él era mi vida. Ahora que no está, quiero creer que él sigue vivo en otro lugar, en otro país, en otro universo fuera de mi alcance. Me siento como si él siguiera vivo en algún sitio y fuera yo quien realmente ha muerto.

No quiero entender que nunca volveré a ver sus ojos. Que jamás volverá a acariciarme con sus manos. Que nunca me desnudaré frente a él para entregarme a alguien por primera vez. Que nuestra historia ha quedado inacabada.

Amigas. Exámenes. Familia. Futuro. Rubén. Rubén… todo estaba vinculado a él. Todo estaba enlazado y era él el centro, mi piedra angular. Ahora Rubén no está, y todo se derrumba. Yo me derrumbo. Todo se convierte en una mentira, en la peor mentira cuando él no está.

Muerdo mis nudillos hasta que sangran. No puedo entender que tras tantos días llorando aún me queden lágrimas, pero incluso cuando consigo dormir unos minutos, mis ojos se desbordan.

Las noches son sólo una masa de oscuridad. El pensamiento se vuelve cruel.

Sueño con él, está a mi lado. Está atado a mí. No es cierto. Sí lo es. Quiero que sea cierto, pero lo sé en el fondo. Rubén ya no está.

Estoy vacía. Nunca había entendido antes el sentido de esa frase. De tener las manos vacías a tenerlo todo en un instante… y luego te lo arrebatan todo y estoy más vacía que al principio y...

Vacía. Agotada. Rubén…

Continuará

sábado, 13 de abril de 2013

Estoy de Vuelta 83


La madre de Rubén apoyó la cabeza en el hombro de su marido mientras veían sin prestar atención un capítulo repetido de una serie americana. Hoy casi no habían hablado siquiera. No habían hecho nada importante. La ausencia era aún demasiado fuerte.

De repente, un avance de las noticias interrumpió el episodio. El locutor comenzó a explicar algo sobre un tiroteo en un centro comercial, sobre ataques de pánico, histeria colectiva, disfraces de Halloween…

-¡Rubén! –gritaron ambos.

Las imágenes en blanco y negro de una cámara de seguridad podían ser borrosas, pero para ellos dos no había equivocación alguna.
Se trataba de su hijo. De Rubén.

Estaba vivo.

Lij sintió temor. Su plan no había funcionado. Todo se había ido al garete. El Espectro no había conseguido el alma pura de Isabel. Ella no había burlado al demonio mayor, todo por culpa de esa entrometida guardiana de pacotilla dorada.
Y el demonio mayor seguro que ya era consciente de que alguien había intentado interferir en sus planes.

-Naturalmente que soy consciente –gruñó una horrible voz detrás suya.
Lij no quiso darse la vuelta. Sabía perfectamente quién hablaba, y también sabía que esta vez no podría escapar. La terrible presencia continuó hablando.

-En cierto modo te estoy agradecido por mostrarme lo volátil que es la lealtad de mi pequeña mascota. Pero tú, con tu osadía y tu falta de inteligencia, has estado a punto de evitar mi venganza contra el demonio arrepentido llamado Canael. Todo por garantizarte un tiempo de diversión, ¿no es así? Para mí será un placer el castigarte con algo peor que el propio infierno.

Lij quiso balbucear una excusa, una disculpa, algo… pero no le dio tiempo.

Lij gritó cuando su ser fue arrancado del infierno y encerrado en una pequeña, opaca y oscura esfera. Lij gimió cuando su mente fue alterada para que jamás perdiera la consciencia, para que jamás perdiera la razón, para que jamás pudiera imaginar algo más allá de donde pasaría el resto de su eterna existencia, para que jamás su subconsciente pudiera hacerse cargo de su lobotomizada mente. Para que jamás pudiera imaginar algo que no fuera su prisión, pensar en algo que no fuera su prisión, abstraerse o distraerse de algo que no fuera su prisión…

Para que, por los siglos de los siglos, jamás pudiera dejar de aburrirse.

El grito de Lij recorrió todos los rincones del infinito infierno.

Continuará

jueves, 4 de abril de 2013

Estoy de Vuelta 82


-¡Cúrate, amigo Canael! –se despidió Fito con una carcajada, en un tono tan alto que hasta Sheila lo escuchó-. ¡Recuerda que quien se enamora se vuelve imbécil!

El rostro de Canael se volvió a juego con sus ojos.

Poeta, mientras tanto, aprovechó para entonar unos versos pese a las protestas de Cosme:

        Prometí dar mi vida por una muchacha
y ella me tomó la palabra.
Una simple carta se convirtió en un hacha
con la cual, primero, me robó el corazón.

Y luego lo arrancó de mi pecho.

Incluso Dios se ríe y me señala con el dedo.
Acabo de ser condenado
tras cometer un único pecado:
el de haber querido amar.

Ahora mismo vivo una parodia de vida.
Debería importarme, pero no... me da igual.
Mi corazón está ya tan enfermo
que ni siquiera siente el dolor de esta nueva herida.
Hay cicatrices más profundas que aún supuran...
y ahora resulta que incluso estoy agradecido
al daño que en su día me causaron.

El sufrimiento se ha convertido en indiferencia,
y mi sangre se coagula en una costra helada.
Carecen de significado paciencia e impaciencia
ante el haber adquirido la completa certeza
de que mi pecho puede sangrar, pero ya no amar.

Si Dios ha decidido añadir injuria al tormento,
que se cumpla su voluntad.
Si ahora las canciones no son más que un lamento,
no importa.
Hace mucho tiempo que las dejé de escuchar.

La soledad y la muerte tienen cuerpo de mujer.
Parece que es hora de que las vuelva a cortejar
y olvide a las caricias y a los besos
que una vez
-ahora me parece mentira-,
que una vez llegué a desear.


Continuará

viernes, 29 de marzo de 2013

Estoy de Vuelta 81


Fito, mientras tanto, se fijó detenidamente en Canael… el cual, a su vez, apartado de los demás, observaba a Sheila.

El esqueleto sonrió con maldad y se acercó al demonio.

-La miras mucho, Canael –comentó Fito con un tono banal-. Y de no ser porque tus ojos son tonalidad rojo infierno y no tienen iris ni pupilas, diría que la miras de una manera un tanto especial.

Canael no respondió de primeras. Tan sólo desvió su mirada a Fito con rostro imperturbable.

-Es mi amiga –respondió lentamente el demonio.
-Y la mía –asintió el esqueleto-. Y es preciosa, dulcísima e inteligente… no está mal, teniendo en cuenta que es un fantasma.
-¿Adónde quieres llegar, amigo Fito?
-Absolutamente a ninguna parte, amigo Canael. Pero es tu amiga, y yo soy de la opinión de que chico hetero y chica hetero sólo pueden desarrollar una amistad si existe la más mínima probabilidad de “algo más”. Sólo digo eso. Imagino que también eso puede aplicarse a demonio hetero y fantasma hetero. Porque eres hetero, ¿no?
-Fito. Escúchame bien. Soy un demonio. Un maldito por toda la eternidad demonio. ¿Crees que puedo siquiera pensar, imaginarme amando a alguien?
-¡Oh, no! ¡Por supuesto que no! –negó rápidamente Fito-. Eres un demonio malo que ha pasado siglos pagando la penitencia, precisamente por haberte enamorado anteriormente de alguien. Es lógico que quieras aumentar la tragedia sobre ti. Queda muy mono. La verdad, tienes todo el derecho del mundo a querer ser aún más desgraciado de lo que eres. Pero… bueno, tan sólo digo que si tú no te lanzas, lo hará Sebas o uno como él. Y eso sí que me jodería, ¿sabes? Yo, al menos, preferiría saber que nuestra pequeña Sheila está cuidada por un demonio que la quiere antes que con un gilipollas que sólo la desea.
-Basta, Fito. No sabes de lo que hablas. Estás imaginándolo todo.
-Sí, tienes razón, Canael –suspiró Fito, dándose media vuelta-. Y por cierto, te recuerdo que sueles andar desnudo por ahí. Quizás ayudaría a que yo dejara de imaginar cosas el que tú dejaras de empalmarte cuando miras así a Sheila. Es sólo un consejo…

Y, por primera vez en la historia, un demonio se sintió completamente azorado.

Continuará

viernes, 22 de marzo de 2013

Estoy de Vuelta 80


Fito condujo por una carretera secundaria hasta llegar a un camino de tierra. Allí, entre dos campos de cultivo en barbecho, detuvo el vehículo y lo aparcó tras unos árboles, oculto de miradas curiosas.

Los amigos salieron del coche. Nadie dijo lo más mínimo durante un rato.

-¿Y bien? –preguntó Cosme- ¿Ya está?

Rubén frunció el ceño. No terminaba de encajar…

Nadie se había percatado pero, sorprendentemente, Fito había logrado robar un tubo de pegamento instantáneo en su huida. Y Rubén parecía tener el mejor pulso de todos…

El joven observó la recompuesta calavera. Las grietas rellenas de pegamento eran ostensiblemente visibles y algunas piezas no encajaban bien con otras, dejando pequeños huecos por todas partes.

-Bueno, eh… -respondió Rubén, sin atreverse a decir que había realizado una chapuza.
-¿Puedes auparme para que me vea en el espejo retrovisor? –pidió la recompuesta calavera.

Rubén tragó saliva, cogió a Cosme y le puso enfrente del espejo.
Un premolar se cayó al suelo en ese momento.

-“¡Oh, Cosme, amigo de mi corazón,
deja que te cante una loa
para sacarte de tu depresión!
-¡Vete a tomar por culo, Poeta! –gruñó Cosme-. ¿Estás viendo como estoy?
-“Naturalmente que lo estoy viendo.
Y eres feo, he de reconocer.
Pero te recuerdo y te advierto:
¡tampoco antes eras de buen ver!
-¿Sabes dónde puedes meterte tus versos, puñetero trovador? ¿No? ¡Dónde te he mandado a tomar hace un momento!

Continuará

jueves, 21 de marzo de 2013

Estoy de Vuelta 79


La huida fue dolorosa para todos ellos. La mente de Canael ardía al intentar comprender qué había ocurrido realmente con el Espectro. La furia que crecía en su interior emanaba como si fuera energía del interior de su ser, causando confusión y aturdimiento en las desgraciadas personas con las que se cruzaba. Afortunadamente para muchas de ellas, al recobrar la lucidez, creerían haber sufrido un ligero mareo… y nada más.

Detrás, siguiendo su vuelo rasante, corrían Fito y Poeta. Sus disfraces ya no ocultaban sus esqueléticos rasgos. Fito apretaba contra su pecho, con cuidado casi maternal, cada uno de los pedazos que habían compuesto el cráneo de Cosme.

Rubén forzaba al máximo los músculos de sus piernas para mantenerse a su altura. Sentía pavor por la posibilidad de que el Espectro hubiera alcanzado ya a Isabel. A su lado, flotaba Sheila. En su fantasmal cabecita se repetía una y otra vez el enfrentamiento contra el Pater y Jingjing, la herida de Canael, su temeraria reacción…

Entraron a tropel en el coche. Comenzaban a oirse sirenas. Fito arrancó. Nadie dijo nada durante varios minutos.

-¿Dónde vamos? –preguntó por fin Fito.
-Eres tú el que va conduciendo –respondieron los pedazos de Cosme.
-Sí, estoy conduciendo, pero no tengo ni idea de donde tenemos que ir. ¿Canael? –el demonio no respondió-. Joder…
-“Si quereis, puedo intentar algo cantar.
De esa manera, vuestras almas alegrar y…
-Pulsa un único tendón de tu lira y tus dientes acabarán enquistados en tu occipital, ¿comprendes? –amenazó Fito.

De nuevo se hizo el silencio.

-Nos han engañado –susurró Canael.
-No me jodas –replicó Fito.
-No ha sido el Espectro. No han sido los cazadores –los ojos del demonio ardieron en una luz rojiza.
-Ya no entiendo nada –dijo Sheila quedamente.

En ese momento, una luz dorada brilló dentro del vehículo.

-He ganado algo de tiempo para vosotros –se escuchó la voz de Felisa-. Isabel está a salvo. Teneis algo más de tiempo. Aprovechad para tranquilizad vuestras mentes. Aceptad mi consejo antes de continuar: recomponeos un poco…
-¡Y sigue el cachondeo! –interrumpió la voz de Cosme mientras sus pedazos vibraban de frustración.

Rubén suspiró aliviado. Tenía ganas de echarse a llorar.

Continuará... 

lunes, 18 de marzo de 2013

Estoy de Vuelta 78


En otro lugar, a las afueras de la capital, el Espectro gritó con furia al abandonar el abrigo de las cloacas y exponer su tenebroso cuerpo al sol. Isabel estaba allí, podía notarlo. Ya nada importaba, ni el dolor ni el sufrimiento. 

En cuanto…

La confusión del Espectro casi rivalizaba con el dolor causado por la luz que golpeaba su cuerpo. Allí no había persona alguna. Tan sólo un callejón desierto en un viejo polígono industrial.

-La chica… ¿está aquí? –se preguntó el Espectro mientras se arrastraba lastimosamente hasta la sombra que proyectaba una de las naves industriales.

-Obviamente, no –respondió una voz femenina-. No está aquí.

El Espectro tuvo que asomar su cabeza y volver a sufrir los luminosos aguijonazos para descubrir quién había hablado. Se trataba de una silueta dorada que, cruelmente para el Espectro, estaba flotando justo delante del sol. Sólo mirarla le hacía sentir como si ardiera.

-Me llamo Felisa. No lamento decirte que te he engañado alterando la energía de mi propio ser. Desde hace un buen rato, en vez de a Isabel, has estado siguiéndome a mí. Tan sólo quería dejar las cosas en empate.

Y Felisa desapareció, dejando al Espectro con la única compañía de su propio grito de frustración.

Continuará

martes, 12 de marzo de 2013

Estoy de Vuelta 77


Harry no vio el primer golpe. Un puño de hueso impactó con fuerza en la mandíbula del inglés. El segundo puñetazo se estrelló contra su estómago, dejándole sin aliento. Harry comenzó a caer, pero no llegó al suelo. 
Una esquelética patada le lanzó hacia atrás.

-¡Has matado a mi mejor amigo, cabrón! –gritó Fito mientras seguía pateando a Harry, que intentaba resguardarse de los golpes a duras penas.

Poeta sujetó a Fito, quien estaba loco de dolor y pena. Harry quedó tendido en el suelo escupiendo sangre.

-Has matado a mi mejor amigo. Él quería morir, pero no así. Así no… -y Fito cayó llorando de rodillas.
-Fito, tío, cálmate –se escuchó la voz quejumbrosa de Cosme.
-¿Cómo quieres que me calme? –gritó Fito al aire- ¡Te han matado, joder!

En ese momento, Fito se quedó paralizado.

-¿Cosme?
-Sí, sigo vivo… bueno, muerto… ¡bueno, como cojones estuviera hace unos minutos, tú me entiendes!

Fito miró los trozos de hueso que habían formado el cráneo de su amigo.

-Fito, por favor, recógeme, espabila y trae algo de pegamento… -pidió Cosme con voz cansada.

El Pater empezó a rezar en latín mientras Sheila se acercaba llorando a él. Sin embargo, Canael se puso delante de su compañera.

-¡No está! –gritó el demonio.
-¿Qué? –Sheila no comprendía.
-¡La esencia del Espectro! ¡Ha desaparecido! ¡No está aquí!
-Pero entonces…
-¡Olvídate del cura! ¡Nos han tendido una trampa! ¡Tenemos que reunirnos con los demás!

Y demonio y fantasma se hicieron invisibles, dejando allí a un aterrorizado sacerdote y a una líder aterida por el frío.

Continuará

miércoles, 6 de marzo de 2013

Estoy de Vuelta 76


Sin embargo, una imperiosa orden les hizo dar un respingo:

-¡Alto, monstruos! –gritó el Pater.
-¡Son los plastas de anoche! –avisó Cosme-. ¡Corred!

Al momento obedecieron Rubén, Fito y Poeta, que comenzaron a huir en dirección contraria. Sheila y Canael se hicieron visibles y no se movieron.

-¡Harry! –gritó Jingjing- ¡Esos tres huyen! ¿Crees que podrás con ellos?
-¡Sin problemas, jefa! –exclamó el inglés mientras desenfundaba su pistola. Acto seguido, disparó al aire.

En este punto, toda la Estación Sur era el maremagnum de gente huyendo y chillando predicho por Cosme.

Jingjing, mientras tanto, avanzó con sus dos katanas desenvainadas hacia Canael y Sheila. El demonio, en un acto reflejo, se puso delante de su amiga fantasma.

-Estas katanas fueron consagradas hace siglos para acabar con cualquier demonio al que se enfrentasen –dijo la joven oriental sin dejar de avanzar.
-Y yo soy vulnerable a ellas –protestó en voz baja Canael, quien intentó hacerse invisible… y no pudo.
-¡Te estoy exorcizando, demonio! –chilló el Pater-. ¡No escaparás!
-Y el clero usando sus poderes sin antes discernir el contexto, como siempre –se desesperó el demonio mientras retrocedía.

Jingjing saltó hacia delante y sus katanas silbaron. Canael gruñó de dolor cuando su pecho fue alcanzado por las hojas. Dos tajos se abrieron en su piel y sangró un líquido ardiente y anaranjado.

-¡Canael! –gritó Sheila, que sintió petrificarse al ver a Canael herido.

Sheila no supo como lo hizo, sólo corrió asustada y furiosa hacia Jingjing… y entró dentro de ella.

Jingjing gritó y sus dos katanas cayeron al suelo.
-¡El frío! –gritó la joven- ¡El frío!

Y cayó desmayada al suelo mientras Sheila volvía a materializarse.
-¡Es un ánima del purgatorio! –se alarmó el Pater.
-No sé lo que soy –dijo Sheila con heladas lágrimas cayendo de sus ojos-. ¡Pero le habeis hecho daño a mi amigo!

En ese momento, en otra sección del centro comercial, Harry apuntaba con su pistola a Fito, Rubén y Poeta. El caos había favorecido al inglés, con la aterrorizada marea humana desorientando a los tres amigos.

-Las balas de esta pistola están hechas de plata y son de punta hueca, bendecidas por el Pater –amenazó-. Si algo puede deteneros, es esto…

Si Harry estaba dispuesto o no a disparar contra ellos, no llegaron a saberlo, puesto que lo siguiente que hizo el inglés fue chillar de dolor. Harry miró hacia abajo y contuvo una náusea provocada por el horror. Cosme había atacado y su mandíbula superior (su única mandíbula, de hecho) estaba enterrada profundamente en su pantorrilla.

Harry gritó y comenzó a patalear histérico, pero por mucho que bailaba no lograba desembarazarse de la calavera cada vez más bañada en sangre.

-¡Muere, maldito! –gritó Harry.

Y le descerrajó a quemarropa un tiro a Cosme, que estalló en una decena de pedazos y astillas de hueso.

-¡Cosme! –chilló Rubén.
-¡Ramón! –gritó a su vez Fito.

Continuará

domingo, 3 de marzo de 2013

Estoy de Vuelta 75



La furgoneta de los Cazadores Independientes de lo Paranormal y lo Oculto Taumatúrgicamente Eficientes se detuvo en una de las puertas de acceso a la Estación Sur.

-Iremos el Pater, Harry y yo –ordenó Jingjing antes de mirar a Manolo y a Sebas-. Vosotros dos quedaos aquí y vigilaros mutuamente.

-Es impresionante –murmuraba Sheila, invisible, al oído de sus compañeros-. Cuanta gente, y tiendas y luces… casi… casi me agobia un poco…

Fito y Poeta lo observaban todo desde el interior de sus disfraces, con los sombreros calados hasta casi la oquedad nasal y las gabardinas abrochadas y subidas hasta prácticamente el mismo punto.

-Por el amor de Dios –rezongaba Fito-. Llamamos así más la atención que si fuéramos en huesos.
-Al menos así llamamos la atención –se escuchó tenuemente la voz de Cosme desde el bolsillo inferior derecho de la gabardina de Poeta-. De la otra manera esto sería un maremagnum de gente huyendo y chillando.
-¡Oh, mirad! –exclamó Fito.

Todos se giraron. Fito señalaba una tienda de electrodomésticos en cuyo escaparate estaban expuestos numerosos televisores. En las pantallas aparecía el resumen del partido entre el Real y el Atlético.

-Oh, para combatir el tedio, en el cementerio, organizábamos de vez en cuando una competición futbolera –le explicó Fito a Rubén-. “Balónhueso”, lo llamábamos. Poeta y yo jugábamos como delanteros en el equipo “Tibias Peligrosas”. Me encantaba el momento de salir a las fosas con nuestros harapos grises haciendo de uniformes y el resto de los muertos aplaudiéndonos… ¡incluso ganamos el campeonato un par de veces! Era un evento emocionante. Imagino que sería la competición deportiva de muertos vivientes más importante del mundo, ¿verdad? Yo, al menos, no he escuchado hablar de otra. Ah, ese sonido hueco al chutar el balón…
-¿Teníais balón? –preguntó Rubén, a pesar de casi no escuchaba a su amigo y giraba la cabeza hacia todas las direcciones intentando ver al Espectro o a Isabel.
-¡Claro, era Cosme! –respondió Fito, completamente en la inopia-. Es que las calaveras con mandíbula inferior no rodaban bien, así que…
-¿Has terminado ya? –gruñó la voz del invisible Canael.
-¿Pasa algo, Canael? –preguntó con miedo Rubén.
-Siento la presencia del Espectro aquí –respondió el demonio.

Continuará

domingo, 24 de febrero de 2013

Estoy de Vuelta 74


Pasaron quince largos minutos, en los cuales nadie dijo palabra alguna. 

De repente, la puerta del coche se abrió y unos apresurados Poeta y Cosme entraron (quizás fuese más correcto decir “irrumpieron”) dentro del vehículo. Poeta llevaba unos fardos en sus brazos.

-¿Dónde os habíais metido? –preguntó Fito con voz en grito.
-Canael y Sheila pueden hacerse invisibles. Rubén parece normal. ¡Ponte esto, Fito!

Poeta dejó caer los fardos, que no eran sino dos largas gabardinas, dos pantalones, dos sombreros y dos pares de zapatos.

-Uno es para ti, Fito. El otro para Poeta. A mí me escondeis donde podais.
-¿Nadie os ha visto? –preguntó Sheila.
-Bueno, espero que valga la pena –protestó Cosme-. No me gustaría que el ataque al corazón que ha sufrido el segurata haya sido para nada…
-¿Cómo habéis conseguido esto? –se extrañó Canael.
-¡Robándolo! ¿Cómo si no? –respondió Cosme.
-Desde que descubriste tus raíces, ya no eres el mismo –musitó Fito con tristeza.
-¡Cabrón racista! –chilló Cosme.
-¡Calmaos todos! –ordenó Canael-. Pero, ¿cómo has podido robarlo así sin más?
-“No estoy seguro si quiero decirlo.
Ha sido humillante,
ha sido espeluznante,
ha sido de todo menos divertido.”
-Pero, ¿cómo lo habéis hecho? –insistió Canael asombrado.
-¡Preguntando por los lavabos de caballeros! –gritó Cosme-. ¡Vestíos y que no se vuelva a mentar el tema!
-Si no fuera porque no tengo cerebro, ahora mismo me dolería mucho la cabeza… -rezongó Fito.

Nota del autor: La baja calidad de la anterior escena se debe a que el autor tampoco tiene pajolera idea de cómo Cosme y Poeta pudieron conseguir dicha ropa. Más aún, teniendo en cuenta lo difícil que es hoy en día encontrar sombreros en una tienda.