martes, 29 de octubre de 2013

Estoy de Vuelta 88

Sin embargo, un deslumbrante fulgor dorado hizo detenerse a la masa de oscuridad. Pero Felisa sólo fue capaz de detener momentáneamente al monstruo ahora conocido como Espectro.

Isabel quiso gritar, desterrar de su mente esas alucinaciones. Pero no pudo.
Alguien gritaba su nombre.

Se volvió sólo para ver a Rubén entrando a la carrera, acompañado de lo que parecía un ejército del submundo.

-Mi sueño… -murmuró Isabel.

Y cayó inconsciente al suelo.

-¡Isabel! –gritó Rubén llorando.

El joven llegó a su lado, se arrodilló y abrazó su cuerpo inmóvil.

-Isabel…

Ni siquiera se percató de Canael, lanzándose con furia irracional contra su enemigo.

-Isabel…

El demonio aulló de dolor cuando la oscuridad intentó envolverle.

-Tú o ella –murmuró con regocijo el Espectro-. Realmente, ¿qué más da?

Canael rugió de ira y su cuerpo pareció crecer, intentando escapar de la asfixia en esa oscura perdición. No podía. No era capaz de hacerlo.

Sheila llegó a su lado y abrazó al demonio, intentando separarle de la oscuridad. El tacto helado de Sheila llegó hasta el pecho del demonio. La oscuridad del Espectro no pudo romper la fría coraza que ahora protegía el corazón de Canael.

-¡No quiero perderte! –gritó Sheila, clavando sus ojos en Canael-. Te… ¡te quiero!

Frustrado, impaciente por acabar de una vez con su hambre, los tentáculos oscuros del Espectro se clavaron en el insustancial cuerpo de Sheila. Sus fantasmagóricos ojos, por primera vez, mostraron el dolor. Y Sheila se derrumbó en el suelo, aterida de frío, al borde de la no existencia. Los oscuros tentáculos del Espectro volvieron a alzarse. 

-¡No! –los brazos de Canael se alzaron sangrantes, rompiendo la presa del 
Espectro-. ¡No le harás daño! ¡No le harás daño a nadie más! ¡Maldito seas! ¡MALDITO SEAS!

-¡Arcángel Doradiel! ¡Arcángel Doradiel! –chilló el querubín. 

El Arcángel Doradiel le miró con los ojos inyectados en sangre. Una botella de tequila vacía llegó rodando, como una etílica blasfemia, hasta el querubín.

-¿Arcángel Doradiel? –preguntó el querubín.
-Dime qué coño pasa ahora –respondió en arcángel, con voz quejumbrosa.
-Eh… esto… está… ¿está usted realmente borracho, Arcángel Doradiel?
-Sí.
-Pero…
-¿Qué?
-El demonio arrepentido Canael y el Espectro se están enfrentando en este mismo momento, señor.
-Pues apuesta quinientos pavos por el Espectro.
-¿Cómo?
-Así, da igual quien gane. Nosotros también ganamos.
-Arcángel Doradiel… el demonio arrepentido Canael ha maldecido al Espectro, señor.
-¿Y qué? A mí también me gustaría maldecir a ese hijo de puta, a la puta que lo parió, a sus putos hijos, a su puto perro y a todos sus putos ancestros. ¿Qué pasa con eso?
-Na… nada, señor. Nada, si es usted quien maldice, claro… pero… pero recuerde lo que ocurre cuando un demonio maldice con fuerza…
-Que los muertos se alzan y abandonan sus tumbas. Vamos, como si necesitáramos aún más muertos correteando por ahí –respondió Doradiel con un bufido-. ¿Y qué pasa? ¿Hay algún cementerio cerca?
-No, señor.
-Entonces, ¿qué problema hay?
-Que están luchando en el museo de ciencias naturales.
-No me jodas…

Continuará

miércoles, 3 de julio de 2013

Estoy de Vuelta 87

-No sabía que podías teletransportar objetos –musitó asombrado Rubén.
-No puedo –respondió Canael-. Pero un demonio arrepentido puede compensar siempre sus pecados menores. Devolví lo que había robado. Nada más.

El viaje al museo de ciencias naturales pareció tardar horas, a pesar de que llegaron allí mucho antes de lo que sería recomendable en cuanto a seguridad vial se refiere. Se detuvieron frente al jardín que rodeaba el museo y abandonaron el coche a la carrera. Las gabardinas robadas que Fito y Poeta aún vestían ondeaban al viento, dejando ver el óseo espectáculo interior.

-¡Deberíamos disimular un poco! –gritó Cosme desde los brazos de Rubén.
-¡No hay tiempo! –rugió Canael, atravesando al vuelo la entrada principal del museo, ignorando el desconcierto y el horror tanto de los guardias de seguridad como de los, a esa hora, escasos visitantes y turistas.

Isabel se detuvo para poder observar una cuidada exposición de minerales. El esqueleto de un brontosaurio descansaba encima de su cabeza. Dos ardillas disecadas la miraban como con curiosidad desde el otro extremo de la sala.

Cada brillo de amatista, de ágata, de olivino, de calcedonia, de pirita o de glaucofana no hacían más que recordarle el brillo de la sonrisa, de los ojos, del cabello de Rubén…

Isabel suspiró. Creyó que era a causa de sus propias lágrimas, pero dio la impresión de que los minerales se oscurecían poco a poco… fue demasiado tarde para huir cuando se percató de que algo horrible se materializaba delante de ella.

Una masa de oscuridad viva y hambrienta.


-Por fin –sintió Isabel que algo aullaba en su cabeza-. Por fin.

Continuará

miércoles, 26 de junio de 2013

Estoy de Vuelta (tras demasiado tiempo) 86


Estaba vivo. Rubén estaba vivo. Estaban seguros. Habían intentado explicárselo a la policía, a sus familiares… pero nadie creyó a los padres de Rubén. Todo el mundo fue amable, sin embargo. Les dijeron palabras de consuelo, les intentaron convencer de que realmente no habían visto a su hijo por televisión, gracias a una cámara de seguridad de un centro comercial en el que algo había pasado y nadie sabía qué. Que era absurdo. Que era imposible.

Se les acababan las opciones. Decidieron llamar al que había sido el mejor amigo de su hijo, al que había sido atropellado junto con Rubén…

El teléfono de Sebas comenzó a sonar con un pitido estridente.

-“Rubén Fijo llamando” –informó Canael.
-¡Son mis padres! –se alarmó Rubén-. ¡Oh, Dios! Pero… pero… ¿para qué llaman a Sebas?
-¿Quieres que lo coja? –preguntó Fito-. ¡Puedo decirles que no se preocupen, que resucitaste como Jesucristo y que los muertos vivientes que te acompañan son muy responsables!

El pitido estridente no parecía tener intención de parar.

-¿Qué hago? –gritó Rubén.
-El teléfono es de Sebas, ¿verdad? –dijo Canael-. Es mejor que se ocupe el propio Sebas. Nosotros no podemos perder tiempo. Tenemos que llegar al museo de ciencias naturales lo antes posible…

Y el teléfono móvil se desvaneció.

-¡Maldita sea! –gritó un apaleado Harry mientras le daba un puñetazo a la furgoneta-. ¡Les teníamos! ¡Les teníamos!

Manolo y Sebas observaban con curiosidad al inglés, a Jingjing y al Pater. Los tres estaban frustrados, doloridos y vencidos. Y a Harry además parecían haberle dado una paliza. Todos ellos seguían en el aparcamiento del centro comercial. La policía les creyó cuando dijeron que paseaban por ahí y de repente se desmayaron. Tomaron sus nombres y les dejaron ir. Total, otros testigos habían mencionado esqueletos andantes, demonios, tiroteos y abrigos que levitaban, así que…

De repente, pareció como si se abriera un pequeño agujero en el aire, al lado de Sebas. Como un pequeño agujero que conectara con otro espacio u otro tiempo. Harry cayó hacia atrás mientras el Pater imploraba al demonio que retrocediera.

Sin previo aviso, un estridente pitido sonó, y el teléfono móvil de Sebas apareció por el agujero, acompañado de las siguientes palabras de Canael:
“…no podemos perder tiempo. Tenemos que llegar al museo de ciencias naturales lo antes…”

-¡Es mi móvil! –se alegró Sebas mientras cogía su teléfono y atendía la llamada.
-¿Qué era eso? –preguntó anonadada Jingjing.
-¿Sí? –preguntó Sebas-. ¡Ah, hola! ¿Sí? ¡Sí, claro! ¡Claro que está vivo! ¡Estuve con él anoche!
-¿Tú no has escuchado algo del museo de ciencias naturales? –Harry frunció el ceño.
-¿Con quién hablas? –preguntó Jingjing a Sebas.
-¡Con los padres de mi amigo Rubén! –respondió el joven- ¡El que va con los muertos! ¡Sí, sí! ¡Algo he oído yo también del museo de ciencias naturales! ¿Qué? ¡No, no! ¡Hablaba contigo! ¿Cómo?
-Jingjing, estoy a punto de volverme loco –susurró el inglés.
-Yo también –respondió la oriental-. Vamos a ese museo. Ya.

Continuará


jueves, 2 de mayo de 2013

Estoy de Vuelta 85


-Nos ponemos en marcha. Vuelvo a sentir la energía del Espectro, y estoy seguro que él vuelve a seguir el aura de Isabel. Nos vamos –el demonio bajó la mirada antes de continuar hablando-. Amigos, ese monstruo, si consigue asesinar a Isabel o a cualquier otra persona con un alma pura y absorbe su esencia, se transformará en un ser capaz de traer demasiado dolor al mundo. Juro que detendré a esa criatura. Y si para conseguirlo debo pagar el precio más alto, sea cual sea, que así ocurra. No habrá una segunda oportunidad. La vez que nos encontremos será la definitiva.

-Y nosotros estamos contigo, Canael –asintió Cosme-. Hasta el fin.

Todos asintieron en silencio. Fito arrancó.

Desde direcciones opuestas, dos persecuciones se reanudaron. El Espectro, en pos de Isabel. Rubén, Cosme, Sheila, Fito, Canael y Poeta, en pos del Espectro.

Isabel, en ese momento, entró en el enorme edificio neoclásico que albergaba el museo de ciencias naturales de la capital. Después de comer en casa de su tía, le había pedido a su padre que la dejara sola un par de horas antes de volver a casa.

-No podía dejar de entrar aquí, Rubén –murmuró mientras trataba de no llorar-. ¿Recuerdas cuando te propuse que viniéramos juntos algún día? Ni siquiera sé si te gustaría pasar conmigo una velada en un museo o te parecería aburrido… nunca lo sabré. Pero tenía mucha ilusión por hacer tantas cosas contigo… ojalá pudiéramos haber venido juntos. ¿Estás ahora conmigo, Rubén? ¿Lo estás? ¿Lo estás?

-¡En el museo de ciencias naturales! –gritó Rubén.
-¡Joder! –chilló Fito quien, debido al susto, casi tuvo que pegar un volantazo-. ¡Ni siquiera tengo sistema nervioso! ¡Y me lo estais alterando!
-¿Qué es lo que has dicho, Rubén? –preguntó Canael.
-¡Isabel está en el museo de ciencias naturales!
-¿Cómo? ¿Cómo lo sabes? –preguntó Sheila.
-No… no lo sé –respondió Rubén-. Pero está allí. Estoy seguro de ello.
-Si tienes razón, ahora podemos tomar ventaja –dijo el demonio-. Aceleremos.

Continuará

martes, 23 de abril de 2013

Estoy de Vuelta 84


Isabel estaba tumbada en la cama. No sabía aún si comería en casa de su tía o volvería a la suya. No sabía nada, ni le importaba. Tan sólo emborronaba papel y más papel. De vez en cuando, una lágrima surcaba su mejilla, hasta caer y fundirse con la tinta…

Él era mi vida. Ahora que no está, quiero creer que él sigue vivo en otro lugar, en otro país, en otro universo fuera de mi alcance. Me siento como si él siguiera vivo en algún sitio y fuera yo quien realmente ha muerto.

No quiero entender que nunca volveré a ver sus ojos. Que jamás volverá a acariciarme con sus manos. Que nunca me desnudaré frente a él para entregarme a alguien por primera vez. Que nuestra historia ha quedado inacabada.

Amigas. Exámenes. Familia. Futuro. Rubén. Rubén… todo estaba vinculado a él. Todo estaba enlazado y era él el centro, mi piedra angular. Ahora Rubén no está, y todo se derrumba. Yo me derrumbo. Todo se convierte en una mentira, en la peor mentira cuando él no está.

Muerdo mis nudillos hasta que sangran. No puedo entender que tras tantos días llorando aún me queden lágrimas, pero incluso cuando consigo dormir unos minutos, mis ojos se desbordan.

Las noches son sólo una masa de oscuridad. El pensamiento se vuelve cruel.

Sueño con él, está a mi lado. Está atado a mí. No es cierto. Sí lo es. Quiero que sea cierto, pero lo sé en el fondo. Rubén ya no está.

Estoy vacía. Nunca había entendido antes el sentido de esa frase. De tener las manos vacías a tenerlo todo en un instante… y luego te lo arrebatan todo y estoy más vacía que al principio y...

Vacía. Agotada. Rubén…

Continuará

sábado, 13 de abril de 2013

Estoy de Vuelta 83


La madre de Rubén apoyó la cabeza en el hombro de su marido mientras veían sin prestar atención un capítulo repetido de una serie americana. Hoy casi no habían hablado siquiera. No habían hecho nada importante. La ausencia era aún demasiado fuerte.

De repente, un avance de las noticias interrumpió el episodio. El locutor comenzó a explicar algo sobre un tiroteo en un centro comercial, sobre ataques de pánico, histeria colectiva, disfraces de Halloween…

-¡Rubén! –gritaron ambos.

Las imágenes en blanco y negro de una cámara de seguridad podían ser borrosas, pero para ellos dos no había equivocación alguna.
Se trataba de su hijo. De Rubén.

Estaba vivo.

Lij sintió temor. Su plan no había funcionado. Todo se había ido al garete. El Espectro no había conseguido el alma pura de Isabel. Ella no había burlado al demonio mayor, todo por culpa de esa entrometida guardiana de pacotilla dorada.
Y el demonio mayor seguro que ya era consciente de que alguien había intentado interferir en sus planes.

-Naturalmente que soy consciente –gruñó una horrible voz detrás suya.
Lij no quiso darse la vuelta. Sabía perfectamente quién hablaba, y también sabía que esta vez no podría escapar. La terrible presencia continuó hablando.

-En cierto modo te estoy agradecido por mostrarme lo volátil que es la lealtad de mi pequeña mascota. Pero tú, con tu osadía y tu falta de inteligencia, has estado a punto de evitar mi venganza contra el demonio arrepentido llamado Canael. Todo por garantizarte un tiempo de diversión, ¿no es así? Para mí será un placer el castigarte con algo peor que el propio infierno.

Lij quiso balbucear una excusa, una disculpa, algo… pero no le dio tiempo.

Lij gritó cuando su ser fue arrancado del infierno y encerrado en una pequeña, opaca y oscura esfera. Lij gimió cuando su mente fue alterada para que jamás perdiera la consciencia, para que jamás perdiera la razón, para que jamás pudiera imaginar algo más allá de donde pasaría el resto de su eterna existencia, para que jamás su subconsciente pudiera hacerse cargo de su lobotomizada mente. Para que jamás pudiera imaginar algo que no fuera su prisión, pensar en algo que no fuera su prisión, abstraerse o distraerse de algo que no fuera su prisión…

Para que, por los siglos de los siglos, jamás pudiera dejar de aburrirse.

El grito de Lij recorrió todos los rincones del infinito infierno.

Continuará

jueves, 4 de abril de 2013

Estoy de Vuelta 82


-¡Cúrate, amigo Canael! –se despidió Fito con una carcajada, en un tono tan alto que hasta Sheila lo escuchó-. ¡Recuerda que quien se enamora se vuelve imbécil!

El rostro de Canael se volvió a juego con sus ojos.

Poeta, mientras tanto, aprovechó para entonar unos versos pese a las protestas de Cosme:

        Prometí dar mi vida por una muchacha
y ella me tomó la palabra.
Una simple carta se convirtió en un hacha
con la cual, primero, me robó el corazón.

Y luego lo arrancó de mi pecho.

Incluso Dios se ríe y me señala con el dedo.
Acabo de ser condenado
tras cometer un único pecado:
el de haber querido amar.

Ahora mismo vivo una parodia de vida.
Debería importarme, pero no... me da igual.
Mi corazón está ya tan enfermo
que ni siquiera siente el dolor de esta nueva herida.
Hay cicatrices más profundas que aún supuran...
y ahora resulta que incluso estoy agradecido
al daño que en su día me causaron.

El sufrimiento se ha convertido en indiferencia,
y mi sangre se coagula en una costra helada.
Carecen de significado paciencia e impaciencia
ante el haber adquirido la completa certeza
de que mi pecho puede sangrar, pero ya no amar.

Si Dios ha decidido añadir injuria al tormento,
que se cumpla su voluntad.
Si ahora las canciones no son más que un lamento,
no importa.
Hace mucho tiempo que las dejé de escuchar.

La soledad y la muerte tienen cuerpo de mujer.
Parece que es hora de que las vuelva a cortejar
y olvide a las caricias y a los besos
que una vez
-ahora me parece mentira-,
que una vez llegué a desear.


Continuará