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jueves, 14 de febrero de 2013

Estoy de Vuelta 71


Lij revisó sus fuerzas. Antiguas sectas la habían adorado hacía mucho tiempo. Alquimistas sin escrúpulos habían pactado con ella. Y aún conservaba esa energía maligna en su interior. La diablilla estaba segura de que podría igualar en poder al demonio mayor durante un breve, un pequeño lapso de tiempo. Quizás tan sólo durante unas pocas horas. Pero tampoco necesitaba más. ¿Y cuándo la diablilla agotara esa pequeña reserva de poder? Bueno, seguramente le tocaría esconderse durante toda la eternidad del demonio mayor, ¡pero eso ya lo llevaba haciendo durante siglos!

Así que sus ojos se tornaron del color de la maldad y alzó su brazo.

El Espectro aulló de dolor cuando una flamígera y a la vez oscura garra se hincó en su espalda como hierro al rojo.

La terrible garra de Lij terminó de cerrarse y arrancó un oscuro trozo de la sombría espalda del Espectro, que había caído de bruces al suelo, llorando y gimiendo por el mortal dolor que sentía.

La diablilla sonrió y hechizó al aullante Espectro para que su aura quedara mitigada durante unas horas. Luego modeló el trozo de espalda hasta hacerlo una negra esfera casi perfecta. Después, la diablilla transfirió parte de su maligna energía a la esfera y abrió su garra. La esfera comenzó a levitar con un brillo rojizo y partió rauda hacia una dirección aparentemente al azar.

En ese mismo momento, dentro del coche, Canael se irguió.

-Ha cambiado de dirección –murmuró el demonio-. Por favor, Fito. Gira a la izquierda.

El esqueleto obedeció.

Lij calculó todas las coordenadas, así como la velocidad de todos los participantes en el juego y algunas de las posibles contingencias. Y sonrió con regocijo.

Faltaba tan sólo un agente por introducir en la ecuación.

Continuará

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