Las catacumbas que oculta la vieja torre
tienen fama de que, en la noche,
surgen de ellas voces y ruidos
que no corresponden...
En esa torre se alojaba un hidalgo
en su autoimpuesto exilio.
Escuchaba las habladurías
con cierto escepticismo,
pero otorgando de la duda el beneficio.
Después de todo, ¿qué no había vivido?
La vida y las casualidades
parecían haberle llevado a habitar allí.
Pero nada extraño había ocurrido...
hasta que una noche de invierno,
sin encontrar explicación y motivo,
se halló dentro de las catacumbas,
en lo más profundo.
Alguien le llamaba, y el hidalgo acudió.
Esa fue la única explicación.
El amistoso guardia, custodio del portón,
no pareció reparar en su presencia
a pesar de cruzárselo en la bajada
y, posteriormente, en la subida.
El destino quería que lo hiciera.
Permaneció el hidalgo en las profundidades
durante la eternidad que dura un momento.
"No rechazar la ayuda a ser alguno".
No importaba qué, debía honrarlo.
Ese era su juramento...
Y a su pesar descubrió que era de aplicación
independiente de que el ser estuviera vivo
o muerto.
En las profundidades tuvo una revelación
que turbó su alma.
Recordó la profecía que recitó un espectro
cuando el hidalgo no era aún un hombre,
antes de las terribles noches de tormenta:
"Amarás a tres mujeres
que destacan entre multitud;
y tras ello tendrás un hijo...
no importa qué consigas,
él será mil veces mejor que tú".
Esas profecías habían sido desechadas como falsas.
Pues, tras la tercera,
el hidalgo había abrazado a mil muchachas
y había yacido con otras mil.
La profecía no tenía sentido, se decía...
realmente fue todo una ilusión
y las frases del destino no están escritas.
Mas en las catacumbas malditas,
en esa fría noche de invierno,
el hidalgo sintió el abrazo
de la fantasmagórica verdad
y hubo a su pesar de reconocerlo...
En ningún momento
había especificado
ese olvidado espectro
seguido de la oscuridad
que sus quedas palabras
hubieran de volverse realidad
en su tierra natal.
martes, 22 de julio de 2014
domingo, 20 de julio de 2014
I a V
I
Bebiendo una cerveza sin alcohol
mientras cae poco a poco el sol,
tumbado en un viejo sofá...
Me siento bien.
Esta mañana caminé demasiado
y en este momento de tranquilidad
no me preocupa nada más
que estirar las piernas y disfrutar.
Y mientras me fundo
en los cojines,
echo un vistazo somnoliento
a mis compañeros de departamento,
ambos enfrascados en su computador.
Y sonrío mientras quedo dormido;
agradeciendo su amistad,
redescubro que en el día a día
también se encuentra la felicidad.
II
No sé si sabe, señorita,
que cada vez que me he despertado a su lado
me he quedado más de una hora
mirándola embelesado,
sintiendo su largo cabello en mi cara,
conteniéndome para no besarla
y que así no despertara.
En ese hermoso momento
que hizo feliz a la eternidad,
volví a determinar que mi vida
ahora mismo es plena,
que mi espíritu es fuerte,
que no tengo deudas,
que con lo que tengo
no necesito nada más.
Y por eso mismo pretendo,
al no estar mi felicidad
atada ni condicionada,
invitarla a entrar en mi ser
y regalarle a usted
mucho más
que una amistad.
III
La gente dice que tengo un punto de locura
y no soy tan sabio como para negar la veracidad.
Pero no voy a disculparme
por escapar de la rutina, por evadir la mediocridad.
Me gusta jugar, arriesgar a todo o nada
e independiente de perder o ganar
encontrar en cada momento la felicidad.
Y si corro en la noche,
hago amistades de manera desubicada,
redescubro la belleza en cada mañana
y me enamoro de la vida...
no me importa, llámenme loco,
pero déjenme seguir viviendo
esta mi existencia afortunada
y que no me preocupe nada más.
Pues es hoy el presente...
el mañana ya aparecerá.
Todo el mundo está invitado
a asomarse al corazón que hay
tras el abrigo gris y la camisa formal
que debo colocarme cada día
para ir a trabajar.
Encontrará que cada inolvidable momento
está envuelto en una ráfaga de color
y, como en una atracción infantil,
puedo construir un laberinto
donde cada recodo lleva
hasta una nueva risa que compartir...
y así hasta llegar a la salida
donde me ofreceré
para acompañarles en lo que depare la vida
junto con un abrazo fraterno, una sonrisa
y el mencionado punto que parece de locura
pero que realmente es consecuencia
de vivir como quiero,
sin pensar en lo que otros creen de mí.
Vivir como yo quiero... feliz.
IV
La niña corre con el cachorro de quiltro en sus brazos.
Ella ríe y el cachorro se resguarda en el abrazo
y en el mundo no parecen existir más que ellos dos.
El viajero corre mientras suena la canción en sus labios.
Su amor lo encuentra en el andén repleto de gente
y en la vida no parecen existir más que ellos dos.
El planeta corre mientras yo le pido que gire más lentamente
pues quiero tener aún más tiempo para disfrutar
de las estrellas que brillan esta noche
y mis ojos se agrandan para contemplar su inmensidad.
La Vía Láctea saluda esplendorosa,
una luciérnaga cruza el cielo
y, como un niño pequeño, me sorprendo
y río al haber lanzado al aire un deseo
mientras que, en todo el Universo,
no parece existir nada más.
V
Si las palabras pudieran describir
al cien por cien como me siento,
cada una de las letras
que componen esta poesía
mostrarían en su trazo una sonrisa.
Bebiendo una cerveza sin alcohol
mientras cae poco a poco el sol,
tumbado en un viejo sofá...
Me siento bien.
Esta mañana caminé demasiado
y en este momento de tranquilidad
no me preocupa nada más
que estirar las piernas y disfrutar.
Y mientras me fundo
en los cojines,
echo un vistazo somnoliento
a mis compañeros de departamento,
ambos enfrascados en su computador.
Y sonrío mientras quedo dormido;
agradeciendo su amistad,
redescubro que en el día a día
también se encuentra la felicidad.
II
No sé si sabe, señorita,
que cada vez que me he despertado a su lado
me he quedado más de una hora
mirándola embelesado,
sintiendo su largo cabello en mi cara,
conteniéndome para no besarla
y que así no despertara.
En ese hermoso momento
que hizo feliz a la eternidad,
volví a determinar que mi vida
ahora mismo es plena,
que mi espíritu es fuerte,
que no tengo deudas,
que con lo que tengo
no necesito nada más.
Y por eso mismo pretendo,
al no estar mi felicidad
atada ni condicionada,
invitarla a entrar en mi ser
y regalarle a usted
mucho más
que una amistad.
III
La gente dice que tengo un punto de locura
y no soy tan sabio como para negar la veracidad.
Pero no voy a disculparme
por escapar de la rutina, por evadir la mediocridad.
Me gusta jugar, arriesgar a todo o nada
e independiente de perder o ganar
encontrar en cada momento la felicidad.
Y si corro en la noche,
hago amistades de manera desubicada,
redescubro la belleza en cada mañana
y me enamoro de la vida...
no me importa, llámenme loco,
pero déjenme seguir viviendo
esta mi existencia afortunada
y que no me preocupe nada más.
Pues es hoy el presente...
el mañana ya aparecerá.
Todo el mundo está invitado
a asomarse al corazón que hay
tras el abrigo gris y la camisa formal
que debo colocarme cada día
para ir a trabajar.
Encontrará que cada inolvidable momento
está envuelto en una ráfaga de color
y, como en una atracción infantil,
puedo construir un laberinto
donde cada recodo lleva
hasta una nueva risa que compartir...
y así hasta llegar a la salida
donde me ofreceré
para acompañarles en lo que depare la vida
junto con un abrazo fraterno, una sonrisa
y el mencionado punto que parece de locura
pero que realmente es consecuencia
de vivir como quiero,
sin pensar en lo que otros creen de mí.
Vivir como yo quiero... feliz.
IV
La niña corre con el cachorro de quiltro en sus brazos.
Ella ríe y el cachorro se resguarda en el abrazo
y en el mundo no parecen existir más que ellos dos.
El viajero corre mientras suena la canción en sus labios.
Su amor lo encuentra en el andén repleto de gente
y en la vida no parecen existir más que ellos dos.
El planeta corre mientras yo le pido que gire más lentamente
pues quiero tener aún más tiempo para disfrutar
de las estrellas que brillan esta noche
y mis ojos se agrandan para contemplar su inmensidad.
La Vía Láctea saluda esplendorosa,
una luciérnaga cruza el cielo
y, como un niño pequeño, me sorprendo
y río al haber lanzado al aire un deseo
mientras que, en todo el Universo,
no parece existir nada más.
V
Si las palabras pudieran describir
al cien por cien como me siento,
cada una de las letras
que componen esta poesía
mostrarían en su trazo una sonrisa.
viernes, 18 de julio de 2014
Papeleo
Encontré la habitación limpia y cálida
a pesar de que era barato
ese discreto motel en Madrid,
en plena calle Santiago.
Era poco más que un lecho y un baño
pero, ¿qué más necesitábamos?
Alquilé la pieza por tres horas
y ese pequeño secreto
terminó convirtiéndose en tradición.
Con una sonrisa,
me percato ahora de la ironía
implícita en su ubicación.
El escenario cambia
y vuelvo al momento presente.
Sentado con un número en la mano,
en una sede, en otro Santiago,
de la policía internacional.
Y aquí estoy escribiendo poesía,
en espera de que la funcionaria
me quiera llamar.
Pero mi memoria viaja año y medio atrás.
Y aunque yo me comprometí a no volver a amar
hasta aterrizar en Chile, fue sólo una falsedad.
Recorrí España amando
a pesar de que el pasaje comprado
era la condena de cualquier relación.
Sevilla me enseñó el error de la pasión
y el dolor que recuerdas con gratitud;
Guipúzcoa la ternura de decir "maite zaitut"...
y recuerdo una muchacha demasiado joven
que, en Talavera de la Reina,
me pide que me recueste en sus piernas
y comienza a acariciar mi cabeza
mientras se va durmiendo el atardecer.
Así hasta llegar a esos largos paseos en Valdebebas
donde una amiga se convirtió en mucho más.
Pero los besos y las promesas quedaron en nada
y ella hizo desvanecer de mi lado su silueta
al empezar la Navidad.
Faltan treinta números
y hace frío en esta oficina policial.
También tengo hambre, no he desayunado
y de buena gana me metía un ave palta
ahora mismo entre pecho y espalda.
Sería más fácil si mi hambre
sólo tuviera como protagonista la comida.
Porque me avergüenza reconocer
que la soledad en Chile me hizo cometer
el error de desnudar mi alma
en dos noches de pasión.
Y guardaré cada uno de esas memorias
como hermoso recuerdo feliz.
No duraron lo suficiente
como para dejar siquiera otra cicatriz.
Llega mi número.
La funcionaria pregunta mi nacionalidad.
Quiero responder
que mi patria es la gente que me quiere,
mi país la cama donde dormiré esta noche,
mi escudo las fotos que atesoro en mi interior,
mi himno el nombre que susurro...
Mi propósito es dejarlo libre tras tanto tiempo,
permitir volar al corazón.
Miro a la funcionaria a los ojos y respondo:
"Español".
Y ella me extiende una certificación
con tal foto mía que puede suponer
mi inmediata deportación.
Así que me encamino al Registro Civil
(aunque parezca exagerado,
la burocracia aún no ha acabado)
y en la boleta con el número se lee
"tiene ciento seis personas delante de usted".
Eficaz manera de fomentar la procrastinación.
Pero mi mente no quiere evocar nada más,
así que me quedo varado en el momento actual:
Aunque cueste creerlo, de nuevo vuelvo a sentir.
Chile ha sido en mi alma
igual que el antiséptico en una ceja abierta:
Desinfecta mis recuerdos,
pero anda que no jode en el proceso.
Ahora, como tabula rasa,
me veo creando nuevos recuerdos con una muchacha
pero, extrañamente, sin preocuparme por qué ocurra más allá.
He descubierto que debo pensar menos,
he descubierto que debo sonreír más.
Por una vez, simplemente, me dejaré llevar.
Y en cuanto llegue mi turno
y me den un papel que, irónicamente,
nada explica de mí
pero se llama "cédula de identidad"
saldré a la calle con la única certeza
de que mi nueva vida
acaba hoy de comenzar.
martes, 8 de julio de 2014
Golpeado por la vida
Debo reconocerlo, señor abogado:
Mi motivo no fue otro que estar bastante aburrido
y, por pasar el rato, me lié a hostias con la vida.
Ahora tengo los nudillos pelados, la frente partida,
mucha tierra en la boca y el orgullo herido.
Aún no he aprendido a caer sin hacerme daño
pero tampoco sé rendirme y permanecer tumbado
mientras el árbitro cuenta hasta diez.
"Accidente común" reza el parte médico.
¿Común? Como si pudiera darle crédito
a cualquier cosa (cualquiera) que digan de mí.
Y aún en estas condiciones ensangrentadas,
¿me atrevo a hablarle de amor a una muchacha?
Podría haber acusado a todo el alcohol que bebí,
pero eludir la responsabilidad no es mi estilo.
¡Total, si el existir es tan divertido
que la vida, tras estrellar mi ceja contra la grava
me recoge y me deposita suave en una cama
donde al despertar lo primero que veo es su cara!
Y aunque todo puede que empiece y acabe
en un único momento de ternura,
esta vida en la que todo pasa
me deja otro bello recuerdo
que me sirve para compensar
el haberme regodeado
(durante tanto tiempo)
en el dolor del pasado.
Se han roto herrumbrosos los eslabones
que encadenaban mi alma al suelo
y vivo volando este presente...
asumiendo incluso gustoso el riesgo
de que, al aterrizar, vuelva a destrozarse mi frente.
Pues son MIS errores y son MIS aciertos,
no estoy dispuesto a renegar de ellos.
En esta decisión mía de no ocultar los sentimientos,
miro a la cara a mis peores vergüenzas...
y tras esa decisión, descubro que ya no me afectan.
Curioso que, ahora que peino canas
(tras un juventud casi espartana),
descubra que soy callejero, carretero,
y hasta la peor acepción de caletero.
Desde hoy, en cada brillante amanecer,
en cada atardecer color pastel,
le mostraré al sol una nueva cicatriz
y, como pesado que soy,
le contaré la historia de cómo la conseguí.
Pero, al mismo tiempo,
evocaré para mis adentros
este mi nuevo y pequeño recuerdo feliz.
Mi motivo no fue otro que estar bastante aburrido
y, por pasar el rato, me lié a hostias con la vida.
Ahora tengo los nudillos pelados, la frente partida,
mucha tierra en la boca y el orgullo herido.
Aún no he aprendido a caer sin hacerme daño
pero tampoco sé rendirme y permanecer tumbado
mientras el árbitro cuenta hasta diez.
"Accidente común" reza el parte médico.
¿Común? Como si pudiera darle crédito
a cualquier cosa (cualquiera) que digan de mí.
Y aún en estas condiciones ensangrentadas,
¿me atrevo a hablarle de amor a una muchacha?
Podría haber acusado a todo el alcohol que bebí,
pero eludir la responsabilidad no es mi estilo.
¡Total, si el existir es tan divertido
que la vida, tras estrellar mi ceja contra la grava
me recoge y me deposita suave en una cama
donde al despertar lo primero que veo es su cara!
Y aunque todo puede que empiece y acabe
en un único momento de ternura,
esta vida en la que todo pasa
me deja otro bello recuerdo
que me sirve para compensar
el haberme regodeado
(durante tanto tiempo)
en el dolor del pasado.
Se han roto herrumbrosos los eslabones
que encadenaban mi alma al suelo
y vivo volando este presente...
asumiendo incluso gustoso el riesgo
de que, al aterrizar, vuelva a destrozarse mi frente.
Pues son MIS errores y son MIS aciertos,
no estoy dispuesto a renegar de ellos.
En esta decisión mía de no ocultar los sentimientos,
miro a la cara a mis peores vergüenzas...
y tras esa decisión, descubro que ya no me afectan.
(tras un juventud casi espartana),
descubra que soy callejero, carretero,
y hasta la peor acepción de caletero.
Desde hoy, en cada brillante amanecer,
en cada atardecer color pastel,
le mostraré al sol una nueva cicatriz
y, como pesado que soy,
le contaré la historia de cómo la conseguí.
Pero, al mismo tiempo,
evocaré para mis adentros
este mi nuevo y pequeño recuerdo feliz.
miércoles, 2 de julio de 2014
Opilión
Chile no es un buen lugar para los arácnidos.
Con el miedo que hay a las arañas de rincón,
no importa que uno sólo sea un humilde opilión...
o escapas o acaban contigo de un escobazo.
Por eso pensé que mi suerte había terminado
cuando se hizo la luz en esa fría habitación
y me encontré frente a frente con un humano
que pareció estudiarme un eterno momento.
Pero, simplemente, extendió su mano
y, con una caricia, me agarró suavemente
y me depositó encima de una mesa.
Luego me habló con una sonrisa irónica:
"Después de recibir durante una semana
únicamente visitas de espectros y fantasmas
(la reputación de estas torres es merecida)
es agradable ver un huésped de carne y hueso
o, en este caso, de carne y quitina.
Aunque me temo que mi arrendada casa
no es el mejor lugar para un artrópodo...
y quizás, tampoco para cualquier otro animal.
Como ves, en mi hogar, la temperatura glaciar
sólo es apreciada por los pingüinos emperador
que han encontrado su hábitat ideal en mi habitación.
Pero el ordenador portátil dará bastante calor
como para que te encuentres cómodo acá.
Yo también quisiera sábanas más cálidas
donde mis pies no acaben envueltos en témpanos
pero invitar a alguien para compartirlas
es lo único que se me ocurre como solución
y, por desgracia, me temo que no será hoy
cuando se llegue a esa situación."
Y con esas excéntricas palabras,
el humano me rascó los quelíceros
como si yo de un perro me tratara.
Luego cambió su camisa por un polerón
y me invitó solemnemente a participar
en lo que él había decidido llamar
"una velada degenerativa inesperada".
Eso significaba que su plan era caer en la cama
para ventilarse unos nachos con queso
y una tableta de chocolate entera,
acompañado todo de una cerveza negra
mientras escuchaba una música tan mala
que, aunque los opiliones somos sordos,
hasta a mí me daba vergüenza que sonara
(no me miren así, sé leer los labios
y por eso me enteré de qué hablaba el humano).
Aunque raro, reconozco que fue buen anfitrión.
"Ojalá seas de tipo omnívoro" -me dijo-,
"no creas que tengo comida para bichos."
Y rompió en pedazos unos nachos y se fue,
para después traerlos junto con orégano y miel
e invitarme con un ademán a comer.
Y mientras devorábamos nuestras viandas,
me quedé mirando al particular humano.
Me pregunté porqué no me había matado
de un vulgar zapatillazo
y, en cambio, me estaba dando de comer.
Como sintiendo mi confusión,
el humano respondió:
"¿Cuáles son las probabilidades
de que dos seres vivos cualesquiera
se encuentren un punto aleatorio
de este inmenso mundo?
¿Y si a eso le añadimos
la probabilidad condicionada
de que entablen relación?
Imagino que mínima, ¿verdad?
Pero si tú y yo nos hemos encontrado
(lo cual ya es un pequeño milagro)
y además hemos entablado relación,
¿por qué habría de ser ésta
el hacernos daño?"
Y después de cenar,
cuando la luz ya se apagó,
me quedé velando el sueño del humano
en la pequeña y fría habitación.
Aunque no es habitual la amistad
entre un hombre y un opilión,
al haberse producido ésta
sabe que, por pequeña que sea,
cuentas con mi bendición.
Con el miedo que hay a las arañas de rincón,
no importa que uno sólo sea un humilde opilión...
o escapas o acaban contigo de un escobazo.
Por eso pensé que mi suerte había terminado
cuando se hizo la luz en esa fría habitación
y me encontré frente a frente con un humano
que pareció estudiarme un eterno momento.
Pero, simplemente, extendió su mano
y, con una caricia, me agarró suavemente
y me depositó encima de una mesa.
Luego me habló con una sonrisa irónica:
"Después de recibir durante una semana
únicamente visitas de espectros y fantasmas
(la reputación de estas torres es merecida)
es agradable ver un huésped de carne y hueso
o, en este caso, de carne y quitina.
Aunque me temo que mi arrendada casa
no es el mejor lugar para un artrópodo...
y quizás, tampoco para cualquier otro animal.
Como ves, en mi hogar, la temperatura glaciar
sólo es apreciada por los pingüinos emperador
que han encontrado su hábitat ideal en mi habitación.
Pero el ordenador portátil dará bastante calor
como para que te encuentres cómodo acá.
Yo también quisiera sábanas más cálidas
donde mis pies no acaben envueltos en témpanos
pero invitar a alguien para compartirlas
es lo único que se me ocurre como solución
y, por desgracia, me temo que no será hoy
cuando se llegue a esa situación."
Y con esas excéntricas palabras,
el humano me rascó los quelíceros
como si yo de un perro me tratara.
Luego cambió su camisa por un polerón
y me invitó solemnemente a participar
en lo que él había decidido llamar
"una velada degenerativa inesperada".
Eso significaba que su plan era caer en la cama
para ventilarse unos nachos con queso
y una tableta de chocolate entera,
acompañado todo de una cerveza negra
mientras escuchaba una música tan mala
que, aunque los opiliones somos sordos,
hasta a mí me daba vergüenza que sonara
(no me miren así, sé leer los labios
y por eso me enteré de qué hablaba el humano).
Aunque raro, reconozco que fue buen anfitrión.
"Ojalá seas de tipo omnívoro" -me dijo-,
"no creas que tengo comida para bichos."
Y rompió en pedazos unos nachos y se fue,
para después traerlos junto con orégano y miel
e invitarme con un ademán a comer.
Y mientras devorábamos nuestras viandas,
me quedé mirando al particular humano.
Me pregunté porqué no me había matado
de un vulgar zapatillazo
y, en cambio, me estaba dando de comer.
Como sintiendo mi confusión,
el humano respondió:
"¿Cuáles son las probabilidades
de que dos seres vivos cualesquiera
se encuentren un punto aleatorio
de este inmenso mundo?
¿Y si a eso le añadimos
la probabilidad condicionada
de que entablen relación?
Imagino que mínima, ¿verdad?
Pero si tú y yo nos hemos encontrado
(lo cual ya es un pequeño milagro)
y además hemos entablado relación,
¿por qué habría de ser ésta
el hacernos daño?"
Y después de cenar,
cuando la luz ya se apagó,
me quedé velando el sueño del humano
en la pequeña y fría habitación.
Aunque no es habitual la amistad
entre un hombre y un opilión,
al haberse producido ésta
sabe que, por pequeña que sea,
cuentas con mi bendición.
sábado, 14 de junio de 2014
Felicidad
Dorado, naranja, rojo, púrpura, rosado...
El espectro de colores mostrado por el cielo
reflejado en la superficie del océano
y mis cuatro amigos y yo allí sentados,
en el punto más alto del arrecife,
mirando al mar embelesados.
Hasta que me pregunta el Mono:
-Y tú, ¿en qué estás pensando?
-Un amigo me lanzó un desafío,
crear cinco poemas alegres seguidos.
Algo que en principio debía ser sencillo
veo que se me está complicando.
-Me resulta extraño que hayas aceptado,
tus poemas sólo hablan de noches demasiado oscuras,
de amores perdidos y metáforas rayando la locura.
Siempre has sido un solitario rodeado de gente,
un artista escondido tras los números,
un estúpido inteligente, una contradicción viviente...
y tus escritos no son más que el modo que tienes
de escapar de una realidad que no sientes.
El Águila intervino:
-De hecho, tus únicas poesías no tristes
son aquellas dedicadas a muchachas
que correspondieron tus sentimientos
y fueron escritas en ese mismo momento...
pero te conozco, y no llegas a ser de esos
que necesitan una relación romántica
para sentirse feliz y completo.
Suspiré.
-Quizás, simplemente, debería crear
la segunda parte del "Perro Bastardo".
-¿Esa poesía en la que con un hacha
a los alcaldes ibas por ahí capando?
-Esa.
-Lo reconozco, era buena...
pero tampoco la alegría de la huerta.
-Quizás mi noción de alegría
sea, simplemente, distinta...
Extendiendo sus grandes alas,
preguntó el Águila:
-Pues, ¿qué es para ti la felicidad?
Buena pregunta...
Quizás debería definir eso primero
antes de escribir sobre un concepto
que posiblemente no tenga claro.
Siempre lo he sabido, sin embargo,
que la nostalgia y la melancolía
pueden actuar como una droga
y he sido adicto durante un tiempo
mientras estaba desocupado y lejos...
Pero ahora que no necesito ni metadona,
me encuentro con un vacío en mi pecho
que no tengo decidido como rellenar.
El Lagarto, tipo callado por excelencia,
con un bufido amigable aconseja:
-Podrías escribir una poesía
sobre lo que en las noches sueñas.
El reptil lo dice por ayudar,
mas yo arqueo una ceja.
No sabe el pobre que en mis sueños
habitan disparos, huidas y navajazos...
y que si es cierta esa creencia
de que en nuestros sueños lo que vemos
son realidades paralelas a la nuestra,
alguien en algún otro mundo ha proclamado
una alta recompensa por mi cabeza
y a mí todavía no me han avisado.
No... ese no es un buen consejo
si se trata de crear una poesía
donde lo que prime sea la alegría.
Mientras, la Cabra, durmiendo
sobre mis piernas sin pantalones,
hace también su aporte:
un eructo de grandes proporciones.
Suspiro y el primate propone:
-Deberías buscar la alegría
en cada momento del día.
Le miro con cara circunstancial.
-¿Incluso ahora?
-Incluso ahora.
¿Qué problema hay?
Estamos cinco amigos bajo el atardecer,
contemplando una imagen de postal,
en un momento casi mágico de luminosidad
y no quedan Manzanas, es verdad,
pero esta será una noche estrellada
y el sol volverá a brillar mañana.
Hablo al mono como quien habla a la nada.
-Simio, estamos mirando al ocaso acá
porque la furgoneta dice que ya no anda...
la noche va a ser más que fría, congelada,
y yo no es que no tenga pantalones,
es que la puta cabra, mientras dormía,
ha devorado también mis calzones;
y llega la hora de la cena,
y no tenemos tampoco provisiones.
¿Y tú me dices que a pesar de todo,
debo sentirme alegre en este momento?
(sonido de grillos)
-Esto...
¿has visto que bonito está el cielo?
El espectro de colores mostrado por el cielo
reflejado en la superficie del océano
y mis cuatro amigos y yo allí sentados,
en el punto más alto del arrecife,
mirando al mar embelesados.
Hasta que me pregunta el Mono:
-Y tú, ¿en qué estás pensando?
-Un amigo me lanzó un desafío,
crear cinco poemas alegres seguidos.
Algo que en principio debía ser sencillo
veo que se me está complicando.
-Me resulta extraño que hayas aceptado,
tus poemas sólo hablan de noches demasiado oscuras,
de amores perdidos y metáforas rayando la locura.
Siempre has sido un solitario rodeado de gente,
un artista escondido tras los números,
un estúpido inteligente, una contradicción viviente...
y tus escritos no son más que el modo que tienes
de escapar de una realidad que no sientes.
El Águila intervino:
-De hecho, tus únicas poesías no tristes
son aquellas dedicadas a muchachas
que correspondieron tus sentimientos
y fueron escritas en ese mismo momento...
pero te conozco, y no llegas a ser de esos
que necesitan una relación romántica
para sentirse feliz y completo.
Suspiré.
-Quizás, simplemente, debería crear
la segunda parte del "Perro Bastardo".
-¿Esa poesía en la que con un hacha
a los alcaldes ibas por ahí capando?
-Esa.
-Lo reconozco, era buena...
pero tampoco la alegría de la huerta.
-Quizás mi noción de alegría
sea, simplemente, distinta...
Extendiendo sus grandes alas,
preguntó el Águila:
-Pues, ¿qué es para ti la felicidad?
Buena pregunta...
Quizás debería definir eso primero
antes de escribir sobre un concepto
que posiblemente no tenga claro.
Siempre lo he sabido, sin embargo,
que la nostalgia y la melancolía
pueden actuar como una droga
y he sido adicto durante un tiempo
mientras estaba desocupado y lejos...
Pero ahora que no necesito ni metadona,
me encuentro con un vacío en mi pecho
que no tengo decidido como rellenar.
El Lagarto, tipo callado por excelencia,
con un bufido amigable aconseja:
-Podrías escribir una poesía
sobre lo que en las noches sueñas.
El reptil lo dice por ayudar,
mas yo arqueo una ceja.
No sabe el pobre que en mis sueños
habitan disparos, huidas y navajazos...
y que si es cierta esa creencia
de que en nuestros sueños lo que vemos
son realidades paralelas a la nuestra,
alguien en algún otro mundo ha proclamado
una alta recompensa por mi cabeza
y a mí todavía no me han avisado.
No... ese no es un buen consejo
si se trata de crear una poesía
donde lo que prime sea la alegría.
Mientras, la Cabra, durmiendo
sobre mis piernas sin pantalones,
hace también su aporte:
un eructo de grandes proporciones.
Suspiro y el primate propone:
-Deberías buscar la alegría
en cada momento del día.
Le miro con cara circunstancial.
-¿Incluso ahora?
-Incluso ahora.
¿Qué problema hay?
Estamos cinco amigos bajo el atardecer,
contemplando una imagen de postal,
en un momento casi mágico de luminosidad
y no quedan Manzanas, es verdad,
pero esta será una noche estrellada
y el sol volverá a brillar mañana.
Hablo al mono como quien habla a la nada.
-Simio, estamos mirando al ocaso acá
porque la furgoneta dice que ya no anda...
la noche va a ser más que fría, congelada,
y yo no es que no tenga pantalones,
es que la puta cabra, mientras dormía,
ha devorado también mis calzones;
y llega la hora de la cena,
y no tenemos tampoco provisiones.
¿Y tú me dices que a pesar de todo,
debo sentirme alegre en este momento?
(sonido de grillos)
-Esto...
¿has visto que bonito está el cielo?
jueves, 12 de junio de 2014
II de V
Bajo el escudo protector.
Siempre parece la decisión adecuada
pero, extrañamente,
siempre se tarda demasiado en tomarla.
Sed bienvenidos, frío y calor.
Bienvenidas también, dificultades.
Bienvenidos riscos, escabrosidades,
heridas, nostalgias, tempestades...
Ahora que habéis llegado
y ya nos hemos saludado,
nos hemos enfrentado
y os he vencido...
ya podéis partir.
Otros ocuparán vuestro lugar,
no tengo la más mínima duda,
y os agradezco el hacerme más fuerte...
pero en mi espíritu ya he llevado suficiente lastre
como para querer teneros siempre presentes.
Y ahora estoy aquí
(estúpida frase que sin embargo encierra
tal verdad obvia y universal
que es imposible de negar).
Con las manos en los bolsillos, de pie en la playa,
Siempre parece la decisión adecuada
pero, extrañamente,
siempre se tarda demasiado en tomarla.
Sed bienvenidos, frío y calor.
Bienvenidas también, dificultades.
Bienvenidos riscos, escabrosidades,
heridas, nostalgias, tempestades...
Ahora que habéis llegado
y ya nos hemos saludado,
nos hemos enfrentado
y os he vencido...
ya podéis partir.
Otros ocuparán vuestro lugar,
no tengo la más mínima duda,
y os agradezco el hacerme más fuerte...
pero en mi espíritu ya he llevado suficiente lastre
como para querer teneros siempre presentes.
Y ahora estoy aquí
(estúpida frase que sin embargo encierra
tal verdad obvia y universal
que es imposible de negar).
Con las manos en los bolsillos, de pie en la playa,
viene el olor del Pacífico en el frío viento de poniente.
Se cuela entre las nubes la primera luz del alba,
el sol aún tan débil que puedo mirarlo de frente.
Me he convertido, inesperadamente,
en el vértice entre tierra, cielo y mar.
Respiro y grabo este momento en mi mente
en el cual el mundo me dedica una sonrisa
y yo me he dado cuenta de ello.
y yo me he dado cuenta de ello.
Aún queda mucho por recorrer.
No importa qué problema se presente:
Pueden ser horas perdidas en la madrugada,
en busca y captura de una calle inexistente
entre las sombras de una ciudad extraña;
la niebla que todo lo engulle en las montañas,
o que la camioneta decida que ya no anda...
Siempre habrá una solución.
Siempre.
Aunque sea mandar el problema al carajo.
o que la camioneta decida que ya no anda...
Siempre habrá una solución.
Siempre.
Aunque sea mandar el problema al carajo.
Y aunque se comporte la vida
como un manco conduciendo un coche
en lo más profundo de la noche,
a más velocidad de la debida
en lo más profundo de la noche,
a más velocidad de la debida
mientras se fuma un cigarrillo...
Aunque te comportes así, vida...
Te atraparé.
Aunque te comportes así, vida...
Te atraparé.
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